Ciencia, cuerpos y capitalismo

Ciencia, cuerpos y capitalismo, Textos y Entrevistas

Pandemia 2020 – Boletín Z

A continuación el lector encontrará una serie de textos que vamos recibiendo bajo el efecto del mundo actual, la pandemia y sus aristas . La Guerra de los Mundos.Mónica Torres Los ´70.Tomas M. Hoffman En un presente aún no vivido, conviene una relación más verídica con lo real. Angel Orbea Pandecracia o burocracemia a la luz de la “batalla de véneto”.Gustavo Stiglitz El psicoanálisis en el tiempo del coronavirus.Conversación de Francesco Bollorino con Antonio Di Ciaccia Más allá de toda fantasía.  Denise Travesero Pandemia y Escuela.  Daniel Pinkasz Algunas notas sobre el virus.  Eugenia Serrano ¿Traumavirus? Al final de mi cuarentena voluntaria.  Andrea V. Zelaya El inconsciente político y el presidente argentino.  Gustavo Stiglitz Un obstáculo a la lucha contra el coronavirus. La fábrica del ciudadano-consumidor: una clínica del discurso capitalista.  Guillermo Belaga El cuerpo, extranjero.  Fabian Naparstek Pandemia. El riesgo de una trinchera infinita.  Gustavo Stiglitz Bajo el instante de ver. Débora Nitzcaner

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La estadística «mata» al sujeto

“Ahora vienen…por mi” Bertold Brecht Escucho con cuanta soltura alguien larga la frase supuestamente tranquilizadora: “el 70% de la población se va a contagiar”. Podríamos completar ese enunciado de la siguiente manera ( también como suposición e irónicamente): “…del tal porcentaje, está previsto que sólo mueran los que tienen más de 65 años y como yo tengo menos …” . Esa frase junto a algunas medidas restrictivas y autoritarias surgidas de alguna mente donde prima el discurso de la cuantificación,  produce más angustia que tranquilidad, motivaron este breve texto.  De repente la pandemia nos ha hecho olvidar  al sujeto? Nos volveremos un número? Una cifra? Por cierto estamos en la era de la cuantificación. Y nos encontramos con estas conclusiones en dicho discurso: “A este lo ayudamos porque tiene menos de 65 años, a este no porque tiene más?”  Indignación. Es el afecto que me habita en este momento.   Qué manera de “matar” al sujeto y sin la ayuda de la pulsión de muerte. Quién decide cómo implementar la segregación? Comenzaremos  a hacer usar algún distintivo de color a los que tienen +65?  De repente nos vuelven al estado de “manada” a un todos iguales… homogeneidad contra la cual hemos batallado tanto los psicoanalistas. “A todo humano le vendrá el virus y así crearemos inmunidad y la pandemia desaparecerá”.(sic) Queriendo el bien del otro se produce el mal. Se nos declara “difuntos” que es “sin función “antes de estarlo. Ninguno sintió que estaba siendo cuidado.  La cifra, nueva monarca en la época de la corana, la estadística, también es una defensa, una barrera, un velo, frente al horror que nos produce el “enemigo invisible “ nombre dado.  . Los ahora llamados “viejos” somos autosuficientes, nos autorizamos a nosotros mismos, ya sea para bien o para mal no necesitamos tutores que nos indiquen qué hacer. Es mejor que no nos cuiden declarándonos “difuntos” antes de serlo verdaderamente.  Ahora me está permitido vociferar lo que Jacques-Alain Miller nos dice en su curso “Todo el mundo es loco” acerca del sujeto, vociferar es acentuar la voz , agregarle el peso de la voz para expresar ¿qué es el ser hablante? Es “El lugar de Ya-nadie ,es el lugar sin dudar del sujeto, pero concebido, nombrado en tanto redondel quemado en la maleza del goce”. La cifra deja de lado, el gusto por la vida.  Fue imposible no recordar en estos momentos el inolvidable poema de Bertold Brecht “Ahora viene por mi…pero ya es tarde”  Rosa Edith Yurevich Psicoanalista en Córdoba. Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP) y la Escuela de Orientación Lacaniana (EOL). Participante del Nudo La Patria del Sinthoma

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COVID 19 y las paradojas del Bien

Los argentinos hemos dado muestras de una responsabilidad civil que ha sido motivo de sorpresa. El acatamiento a las medidas dispuestas por el gobierno para controlar la pandemia en nuestro país así lo demuestra. Hubo un primer tiempo necesario para subjetivar lo que ocurría. Ante la irrupción de un peligro de naturaleza desconocida pero de efectos devastadores fue decisivo que el gobierno tomara a su cargo oportunamente la responsabilidad de dar pelea a este ¨enemigo invisible¨ como fue llamado, y convocara a un Comité de expertos para dar pasos, con soporte científico aunque un poco a tientas. Así en uso de su autoridad fue impartiendo órdenes y procedimientos y consiguió no sin dificultades en un comienzo, un acatamiento mayoritario a sus directivas. Las dificultades eran y son aún, en muchos casos, como consecuencia de desmentir lo que ocurre o también efecto de la relación torcida que algunas personas tienen con respecto a la ley y la autoridad. El acatamiento masivo fue quizás al comienzo producto del miedo pero luego fue dando paso a un consentimiento colectivo. ¿Cómo se logró? Fue muy importante y quizás decisivo que las órdenes impartidas fueran sensatas, cumplibles y para todos iguales, por supuesto con las excepciones que la confirman pero excepciones racionales. Cuando la ley es sensata ordena, organiza y orienta. Cuando es insensata además de incumplible genera caos y su arbitrariedad produce reacciones de sometimiento o rebeldía cuyas consecuencias son incalculables. Comprender para consentir En un segundo momento fue pasando, cada quién a su tiempo, de la dialéctica obedecer, desobedecer a consentir o renegar y la mayoría consintió. El consentimiento es una posición ética que se distingue de la obediencia porque es una aceptación advertida. Porque sé de qué se trata acepto y me hago responsable. Momento precioso porque se pasa del ¨porque tú lo dices¨ al tú lo dices y yo comparto, yo también lo quiero así.¨ Entonces vemos que el consentimiento no es obediencia, no es sometimiento, tampoco es ilimitado. El consentimiento es un acuerdo. Pero ¿a qué consentimos? Lo soportable y lo insoportable Diré una obviedad sin embargo debemos captar las diferencias por los efectos que produce. Lo soportable se soporta. Lo insoportable no se soporta. No debe llegarse a lo insoportable, ni en lo personal, ni en lo familiar, ni en lo social. Ni en nombre de la ciencia, ni en nombre de los Dioses. Y si me convocas a ese punto límite no lo haces  por mi Bien, por más que así lo proclames. Entonces quienes tienen la responsabilidad de conducir, sea en el nivel que sea, deben estar advertidos de cuál es ese límite. De hecho así lo escuchamos tanto en los debates sobre ¨la deuda¨, lo pagable y lo impagable, cómo en los debates sobre la flexibilidad del aislamiento social obligatorio para algunos grupos poblacionales,  los que viven del ¨día a día¨ o  las mujeres en riesgo, a lo que agregaría la problemática situación de algunos niños. Es fundamental atender esto si no el problema pasa a ser muy grave. Todos los esfuerzos hechos por las autoridades están orientados por estas variables en dónde comienzan a contemplarse las generalidades y las particularidades. Hay una diferencia entre esfuerzo y sacrificio. En el esfuerzo hay costos, pérdidas pero son soportables, en el sacrificio se agrega un plus y nos debemos preguntar a qué Dios se lo ofrecemos. El margen de libertad Los seres humanos tenemos un margen de libertad que es irreductible, si se lo toca afecta lo humano, se pierde algo que es consustancial a la vida, que es su motor, a ese algo lo llamamos deseo. Así el deseo pasa a ser una necesidad vital, la falta de deseo, la falta de ganas trae aparejado el riesgo de que aquello silencioso pero siempre presente en nuestras vidas aparezca sin freno y es lo que llamamos empuje hacia la muerte. Por eso cuando tantas voces se levantaron advirtiendo sobre lo excesivo de una normativa que dice que los mayores de 70 tienen que pedir permiso para salir, so pena de ser multado o vaya paradoja cumplir tareas comunitarias, fue importante escuchar estas voces. Podemos encontrarnos con que por buscar el supuesto Bien nos encontremos con su contracara. Hilda Vittar Psicoanalista en Córdoba. Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP) y la Escuela de Orientación Lacaniana (EOL). Participante del Nudo La Patria del Sinthoma

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Coronavirus: «sobre llovido, mojado»

Frente a la veloz experiencia universal que nos toma, pandémica, con lo real que se ha escapado de la naturaleza -un virus algo inasible, de difícil localización, de una condición parasitante, con una irradiación que acompaña a esta época de una movilidad casi maníaca-, emerge un fuerte sentimiento de insuficiencia, ante la detención el vernos confrontados con la misma muerte, con el sufrimiento de no entender. El real desbocado toma la delantera al orden global y a la ciencia misma. Mientras nos encomendamos, no sin paradoja, a la ciencia para que optimice el resguardo y al orden social para que satisfaga preocupaciones, penas e inquietudes, es decir, mientras buscamos validar esta emergencia en la cultura, para estar un poco menos perdidos, sobre llovido mojado, diría mi abuela, nos encontramos con un par sin par, el mercado y lo religioso -dicho como lo banalizado de una fe-, ambos mesiánicos brindándonos la propuesta de un salto apocalíptico en pos de sostener el incremento de su producto sin discontinuidad y un adormecimiento sin expiación. Un utilitarismo religioso, sin tregua y sin piedad hasta la concreción de un estado de desesperación. Materialismo y misticismo, sin resguardo y sin pausa. Partía de la subjetividad suspendida, el cuerpo amordazado y arribó al privilegio de contar con el psicoanálisis con el que contamos para no privarnos de desplegar una palabra, un hacer con una palabra que permite desmentir este real. Para cada uno que llegue, airear este aplanamiento para alivianar lo mortífero, pero sobre todo en nuestra acción en la ciudad propiciar el hacer lugar al inconsciente de quienes lleguen al sitio de un buen encuentro con un posible efecto de poesía. Álvaro Stella Psicoanalista en Córdoba. Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP) y la Escuela de Orientación Lacaniana (EOL). Participante del Nudo La Patria del Sinthoma

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El reverso de la rebelión

El marco en el que se dan los sucesos ocurridos en Chile, en los últimos días, y que aún continúan, es muy diferente a aquella, ya antigua, rebelión, que el escritor situaba en su Ensayo (1). Una rebelión como consecuencia de que, en su tiempo, habían mejorado las condiciones de vida de las clases populares, donde las comodidades de las que disfrutaban, los había llevado a una abulia generalizada, pensando únicamente en sus derechos, sin reconocer sus obligaciones y despreciando a las jerarquías. Hoy las rebeliones a las que asistimos , se dan en un sistema capitalista mundial, que no sólo es su poderío económico -financiero, como un elemento exterior, a la vida de los sujetos; sino que estamos adentro de él, es “…el mundo… el medioambiente en el que vivimos…”(2) que con su lógica circular e ilimitada, ha capturado los cuerpos, dando muestras más que suficientes, de los estragos producidos en enormes procesos de segregación, efectos de privación, de exclusión y opresión sobre los sujetos; un sistema diré, incompatible con la vida. Recientemente, por estas horas, la alcaldesa, líder boliviana del Movimiento al socialismo, que fue amenazada y secuestrada por la oposición, con el fin de que renuncie a su lucha; luego de su liberación declaró que, por el proceso de cambio, dará su vida. Es la apuesta, pagar con su persona, hasta las últimas consecuencias. La rebelión en este contexto deviene sobre el cuerpo del parletre, es algo que no se delibera, se experimenta, se hace, “eso se siente” J.-A. Miller (3), nos dice que el acto de rebeldía sería análogo a la apuesta de Pascal, que implica poner en juego la vida, hacer de la vida una apuesta, a condición de que el Otro exista., y en vistas a una retribución por parte de ese Otro, que para Pascal es Dios. Las rebeliones hoy no se inscriben en la fe, ni tienen el estatuto de una revolución, que requieren de mucho tiempo para instaurar la configuración de un nuevo orden. Diría, que señalan un acontecimiento del encuentro instantáneo del sujeto con lo imposible de soportar; y que cuando el acto de rebelión apunta al Otro, ese movimiento se cierra en bucle y perfora al mismo sujeto, pues, es su propia vida con la que hace su apuesta. La vida para el psicoanálisis es lo que el Dr Lacan llamó sustancia gozante, goce. Que es una experiencia singular, de malestar y placer a la misma vez, que se siente en el cuerpo.  Esa experiencia de goce, que lleva en su interior el acto de rebelión, como lo imposible de soportar, es en el propio cuerpo del parletre. Un cuerpo como conjunto vacío, que no tiene un lugar que aloje ese goce. “…Cuando el cuerpo goza se desvanece. No puede captarse a sí mismo” … (4) Entonces en la experiencia de tener un cuerpo (experiencia que se da a partir de que una palabra pasa al decir), el cuerpo también se presenta como el lugar del Otro. Como superficie de inscripción de ese goce como agujero. Es el reverso de la rebelión, que señala un acontecimiento, ya no como una identificación a un Dios o a un líder, sino, como nos dice E. Laurent en el Reverso de la Biopolitica, “…con el acontecimiento de cuerpo se retira la identificación con el Padre y quedan al desnudo los acontecimientos de goce…” FLORENCIA MENSEGUEZ (1) Ortega y Gasset, J. La Rebelión de las Masas. Edit. Espasa-Calpe (2) J.-A. Miller. Jacques Ranciere. Una Política de los Oasis. LC-Cero 716 (3) J.-A.Miller ¿Cómo Rebelarse?. Revisión del texto: Comité Editorial Bitácora Lacaniana (4) Agüero, Jorge. Texto presentado en noche de la EOL Seminario de Orientación lacaniana. Un Esfuerzo de Poesía

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