Ciencia, cuerpos y capitalismo

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Infancia, S.O.S

Vayan estas breves reflexiones, en torno a un tema sensible en lo social y complejo por sus diferentes aristas como es la Infancia. Me interesa transmitir y ubicar algunas coordenadas a partir del discurso analítico. Infancia proviene de infans (in-fari) alguien incapaz de hablar no así de articular palabras, sino más bien de hablar en público, de representarse públicamente como sujeto de la palabra, es decir de contar con una enunciación propia como válida. El niño como integrante de ese tiempo subjetivo propio a cada uno, debe permanecer a cargo del Otro, sin hacerse sujeto de una responsabilidad social. En este siglo XXI y atravesados por la pandemia tenemos en nuestro país dosis muy elevadas de historias trágicas cuyos protagonistas son niños y cifras alarmantes de “extrema vulnerabilidad” (316 mil niños- La Voz del Interior 19 de marzo 2021) Comprobamos que el lugar del niño se ha desplazado a lo largo de estos años, dejando ese lugar de ideal en el deseo de sus padres para trastocarse en su dimensión de objeto de goce. En algunas circunstancias es un objeto sexual y pasional, donde el abuso, la corrupción y la producción pornográfica ocupan ese lugar central y obsceno, para otros será un objeto de lujo y fascinación para llegar a un objeto de consumo y terminar consumido. Debemos como analistas, estar atentos a lo que el momento actual acentúa y genera como malestar, donde asistimos a una infancia en permanente control y evaluación. Así el niño puede convertirse de un polo al otro, tanto en un objeto deseado como rechazado, excluido y segregado.! Fácil de desechar ¡ya nada avergüenza y lo que se vive muchas veces en el seno familiar, repercute y/o resuena en el ámbito social en el que cada uno se mueve. En estos momentos y luego de haber pasado un año de pandemia que aun continua y el consecuente confinamiento, inesperado, contingente el cual ha dejado tras de sí un estado de angustia, agobio, hartazgo, incertidumbre y transgresiones a toda norma que intente regulaciones en lo social. Nombres del malestar donde la política sanitaria y el comité de expertos nos han indicado restricciones y un control de los cuerpos que ha rayado en algunas circunstancias con cierta locura e insensatez. La cuestión es el exceso en las medidas que pretende normativizar en un para todos que produce ese efecto de intolerancia. Hoy en día nos confrontamos con niños más solitarios, que han pasado y pasan más tiempo en un encierro y conectados en Red, con todos los medios tecnológicos a su alcance, que con sus pares. También encontramos su reverso, niños que cuentan como hogar la calle, solos con sus normas y reglas propias para marcar la enorme brecha de la desigualdad social y exclusión. Considero que la pandemia no constituye una excusa y no todo corre por su cuenta ya que ha puesto al desnudo situaciones graves y delicadas que no son nuevas por cierto, sin embargo han impactado cobrando una mayor notoriedad con los medios de difusión. Entiendo que merecen ser interrogadas por los diferentes actores sociales, buscándose nuevas respuestas que vayan a contramano de la segregación. Ejemplos sobran a lo largo y ancho de nuestro país. Ahora bien J. Lacan se ha referido en diversos momentos de su enseñanza a la segregación, donde lo segregado es lo excluido, lo que se aparta de una comunidad, es ese resto que en lo que vengo planteando es el niño mismo, convertido en ese objeto manipulable y manipulado como efecto del discurso ya sea familiar, proveniente de lo social y/o de la civilización misma. Me parece que no hemos extraído aun todas sus consecuencias. Me pregunto a que está expuesto el niño hoy, cual su SOS de este, su tiempo de Infancia; y es en la lectura que realizo, mandar al olvido y al silencio lo que un niño en su singularidad tiene para decirnos con su palabra, el permitirle que dé cuenta y responda por sus síntomas y elecciones que lo habitan. En otros términos, es acallar su dimensión y su dignidad como sujeto, aun en casos muy graves como es el autismo, donde ningún corset disciplinario, desde una lógica higienista y/o autoritaria podrán atemperar sus crisis. Entonces ante ese Otro cada vez más inconsistente o como paradoja aquel que aplasta como un elefante y asfixia al niño, apostamos al trabajo con él, sin ignorar ni ser indiferentes a su sufrimiento, como tampoco a sus invenciones y elecciones sobre su deseo, como de sus repeticiones de goce. Nuestra orientación clínica es el síntoma donde al hacernos partenaire del niño y acompañarlo en sus elaboraciones, podremos separarlo de aquello que desde su sentido lo hace sufrir convirtiéndolo en algo más llevadero, aunque debemos saber que hay males incurables. Si bien las cartas le fueron dadas, con esas que le han tocado en suerte, podrá aventurarse a saber en qué se las arregló o no, en que se apuntaló o no para construir un lazo vivible y diferente fuera de toda norma o ideal.

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INCIDENCIAS POSIBLES EN LO SOCIAL

La imagen es del artista Sebastián Pastorino   Rosa Edith Yurevich                                                           Carmen Llarens                                                           Cecilia Mariani                                                           María Carlota Nocetti                                                           Natalia Rovera ¿Cuál es la ideología que sostiene un psicoanalista cuando quiere incidir en lo social? ¿Qué segregamos cuando segregamos?Con estas preguntas partimos para investigar el tema: La segregación y los cuerpos. La frase de la Proposición de 1967 donde Lacan transmite que la extensión depende de la intensión con “s”, es un axioma que hizo impronta. Al transitar la experiencia analítica, la intensión, sería posible incidir sobre el otro, la extensión. La segregación es inherente al ser hablante en tanto estructural. A pesar de ello, no estamos exonerados de la responsabilidad que nos compete frente al malestar en la civilización y por ende, de ser posible, incidir en la contingencia que se ha producido en lo real. Encontrar una “nueva brújula” tal como lo plantea Miller en Una Fantasía.   En un coup, un golpe, los velos se desgarraron, aquello que estaba escondido salió a la luz de manera bruta. Bruto en tanto lo más real. Acontecimiento traumático, “acontecimiento de tierra» como dice J.A. Miller, un colectivo.              Mientras la pandemia producía una perplejidad inédita, nos sumergía en una incertidumbre jamás vivida y la cuarentena se reglamentaba como una medida de prevención, asistíamos a los primeros momentos de la segregación (establecimos un orden pero sucedió todo al mismo tiempo, no fue evolutivo): 1-Psicosis-autismo             Los Centros de día y los hospitales de día fueron cerrados, sin mediación alguna.  Sujetos fuera de discurso, psicosis y autismos en todas sus modalidades, quedaron a la vez fuera de lo que les daba un cierto asidero a la vida, un cierto lazo con el otro que lo soportaba en su pesada carga de angustia.  Incidimos allí. ¿De qué manera? Nadie tenía experiencia en ello. ¿Cómo inventar un sistema de contención? Sostener a las familias ,a los sujetos, acercarles material, conservar las sesiones, las llamadas o video llamadas aunque no quisieran hablar, del otro lado del teléfono estuvimos para cada uno. Las reuniones entre los Centros fueron muchas.  Inventar, crear. Los  practicantes del psicoanálisis no retrocedieron y pusieron su cuerpo.  A la distancia física, promovimos el acercamiento social.   2.1 Niños y adolescentes La segunda franja de segregados estuvo encarnado en los pequeños y los adolescentes. Las escuelas cerraron bajo el lema: «los niños son portadores”. Se volvieron “invisibles” al sistema y de ese modo, ¿podríamos pensar que  se les “robó” algo de su goce? Las consecuencias las comenzaremos a ver prontamente. Con asombro asistimos a las aperturas de los casinos pero no las escuelas. Una pregunta que nos formulamos fue: ¿no debía considerarse al docente un trabajador esencial?  2. 2 Cambiar lo necesario en la escuela. A  partir de la entrevista que realizara Hilda Vittar a Francesco Tonucci  “llevamos la escuela al núcleo”  Abrimos el diálogo pensando en ¿cómo puede incidir el psicoanálisis en estos tiempos donde los niños, jóvenes, docentes y padres se ven desafiados a “hacer escuela” bajo estas nuevas coordenadas?  Evocamos a Freud en su conferencia 34 dejándonos orientar por los superlativos que escribiera respecto de la aplicación del psicoanálisis a este campo: “…es importantísimo, ofrece grandísimas esperanzas para el futuro, quizás  es lo más importante de todo cuanto el análisis cultiva. Me refiero a la aplicación del psicoanálisis a la pedagogía” Volvimos a pensar en las tres profesiones imposibles, la de educar es una de ellas y estamos  en  tiempos donde esta tarea pareciera tornarse más irrealizable aún. La eterna  búsqueda del cambio en  la escuela, se impone hoy como  urgente. La educación entró en emergencia. La pandemia mostró en “carne viva” lo obsoleto de muchas prácticas que en poco o nada respondían al deseo de aprender. Sin embargo hay muchos docentes, niños y familias que se han atrevido a cambiar sin que ninguna Ley de Educación marque por dónde ir. Prácticas creativas, orientadas por la brújula de la educabilidad, por el creer en no saber cómo educar frente a esta contingencia.Si la escuela no ha respondido a las necesidades educativas por ser concebida para educar a todos los ciudadanos por igual, pensarla hoy, en la virtualidad, como el instrumento más fuerte que un país democrático tiene para recuperar las diversidades alojadas en cada ciudadano, constituye un desafío mayor. “Tarea para la casa” que no podrán afrontar solo docentes, niños y familias desde el distanciamiento entendido como  soledad.  3-Adultos mayores “Edad media” El tercer grupo segregado fueron los de 65 años en adelante. ¿Cómo fue posible incidir? Rosa Yurevich fue invitada a escribir junto a otros, para un diario, La Voz del Interior  y este breve texto tuvo resonancias. Lo tituló “Es necesario el tiempo” y dice :”el tiempo es una variable presente desde el nacimiento. Sin embargo, es sólo cuando toca algún límite, para cada uno distinto, que se produce una contracción del mismo y se entiende su plus de valor. La pandemia ha puesto sobre el tapete ese plus de valor, principalmente para los +65años. Tiempo para vivir, tiempo para morir, es una elección del humano. Nos autorizamos en nosotros mismos, somos autosuficientes. La eliminación o la reducción de los derechos ganados nos conducen a un fenómeno de segregación. El distanciamiento es físico, no social. Es precisamente el social al cual el de “mayores de 65” no le es posible resignar porque es su valoración del tiempo, ya sabe, ya ve que “le queda poco hilo en el carretel”[1] 4- Last but not least el “Virus analítico” La decisión de continuar, esa especie de “virus analítico” que padecemos también. Continuar desde el consultorio privado para aquellos que aceptasen llamada o video-llamada. Cada uno eligió lo que prefería. También algunos eligieron suspender.  La brújula que nos sostuvo fue que el psicoanálisis es una práctica sin estándares pero no sin principios. Y este principio creemos que es la única “ideología” posible para un psicoanalista: la de la orientación lacaniana. 5-Hacer conversar el discurso científico con el del psicoanálisis. Transitando el curso Extimidad de Miller nos encontramos con que la experiencia analítica demuestra que

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El cuerpo que tenemos los humanos no es el organismo animal

La pandemia viral que nos afecta mundialmente nos posibilita deslindar dos lecturas diversas: la del cuerpo y la del organismo biológico. La Ciencia Infectológica se apoya en el concepto del organismo biológico, ocupándose de prevenir la infección viral mediante protocolos conductuales higiénicos y de aislamiento social para las personas. En esa perspectiva, para la Ciencia, hasta que no se obtenga la decodificación del Covid 19 para armar y poner a prueba la solución vacuna, el aislamiento social, la higiene de manos y el uso del barbijo son las medidas de protección y prevención de la infección viral. “Cuídate, quédate en casa”, es uno de los slogans que alimentan el interminable confinamiento en Argentina. Para el Psicoanálisis, el cuerpo que tenemos los humanos no es un organismo animal, gracias al baño de palabras de la madre que ha transformando nuestras necesidades en un deseo y el gusto por vivir la vida. Por ejemplo, el órgano anatómico corazón deja de ser una cosa cuando hablamos de él.  Se lee en los dichos: Esa mina no tiene corazón, aquél maestro le pone corazón a lo que enseña, te abrazo con todo mi corazón, Brunito es un gran corazón, esa cuestión es el corazón del problema, etc. Es decir, que cuando hablamos haciendo uso de la palabra corazón enlazándola a otras palabras, la despegamos del órgano biológico, provocando múltiples sentidos. De allí que esta pandemia viral nos confronta a los límites vitales del cuerpo que tenemos, el de cada uno, más allá de que el virus ataque a los pulmones, al corazón u otros órganos biológicos. Las diversas respuestas de los cuerpos al virus ponen el acento en la importancia de la defensa de los cuerpos. Desde la perspectiva psicoanalítica, lo determinante no es tanto la causa del padecimiento sino la respuesta sintomática de cada quien, ese síntoma singular que armamos en nuestra vida y que nos sostiene en el mundo como nuestra columna vertebral, nuestro GPS, ya sea el aprendizaje que sostiene el escolar, el maestro con sus enseñanzas, el saber hacer del músico, del cirujano, del psicoanalista, del agrimensor, del albañil, del Ingeniero programador de internet, etc. En la misma línea es la enseñanza que extraen de sus pacientes infectados del Coronavirus los médicos y enfermeras. Lo determinante no es el por qué del Coronavirus, sino la respuesta de los pacientes.  Los jóvenes médicos de trinchera, los que siempre están para sus pacientes, residentes muchos de ellos en Hospitales y Sanatorios, encuentran que los enfermos del Covid 19 son inclasificables en las tradicionales categorías clínicas de las enfermedades médicas. De allí que los practicantes van siguiendo las reacciones de sus pacientes a los tratamientos medicamentosos y eso mismo los orienta en la cura. Es una nueva clínica donde el practicante se orienta en su acción desde el caso por caso, en la medida que no todos los cuerpos reaccionan igual al tratamiento. De los testimonios médicos se destaca la sorpresa ante las diversas reacciones de los cuerpos a los tratamientos médicos: Pacientes jóvenes, sin problemas previos de salud, no logran salir airosos de su lucha contra el virus. Por el contrario, gente mayor de edad y con severas enfermedades pre-existentes se infectan del virus y sus cuerpos responden favorablemente al tratamiento médico. Consuena con el slogan publicitario: “Cuídate, tú eres tu propia vacuna al virus” El siglo XXI también confronta a los practicantes del psicoanálisis al desafío de responder a problemáticas subjetivas que resultan inclasificables al modo tradicional, presentándose como casos raros, pero de los cuales podemos aprender que la solución curativa del padecimiento la construye cada analizante. El analista es el partenaire que acompaña al analizante en su trabajo de invención sintomática, más allá de que su solución la realice al modo neurótico o psicótico, y más allá de la edad cronológica del analizante. El médico clínico que le está poniendo el cuerpo a esta pandemia viral se encuentra con que los cuerpos afectados por el Coronavirus no responden de la misma manera, de allí que esté muy atento a los síntomas de cada paciente, alojando las diversas defensas curativas que dan sus pacientes en la batalla contra el virus. Eso mismo los orienta en su acción para realizar los estudios y tratamientos médicos correspondientes. Graciela Giraldi, psicoanalista. Reflexiones testimoniales, Rosario, 4 de octubre/2020 gracielagiraldi@hotmail.com gragiraldi@fibertel.com.ar

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Pandemia, entre delirio e invención.

La amable invitación de Hilda Vittar a integrar un Núcleo temático en torno de la llamada “nueva normalidad”,  me encontró bajo efectos de la extrañeza  como respuesta primera a la pandemia y abocada a movilizar el saber que disponía.  Un primer efecto fue considerar la “pandemia” como hecho de discurso, de modo que mi trabajo en el pequeño grupo se orientó por esta vía. La indicación precisa de Miquel Bassols[1] permitió pensar la pandemia como un real con que se encuentra la civilización actual,  regida por la alianza del capitalismo y la ciencia,  que lleva al cenit la primacía del objeto técnico como objeto de consumo. Con Lacan, lo real es una categoría que se articula por el hecho de que el hombre es un ser hablante. Desde esta perspectiva lo real no es el virus;  es una dimensión que se articula a partir de y  por el hecho de que hay discursos. Así entendida,  la pandemia se presenta como un fenómeno que tiene la potencia de atravesar todas las ficciones.  Da cuenta de una rasgadura en el Otro del saber absoluto (la ciencia) en su capacidad de dar respuesta. Configura lo que Ramonet[2] ha denominado una “crisis del sistema mundo”.  Con Miller[3] podemos pensar que se trata de la emergencia de un enigma como “significación de significación”. Constatamos con asombro la vacilación de las ficciones discursivas por un lado,  y su proliferación delirante por el otro; la fuga de sentido como criterio indicativo de lo real a nivel del discurso. ¿De qué depende que podamos hacer de este fenómeno, acontecimiento? “Nueva normalidad” es un sintagma de repentina aparición en el contexto de la pandemia y la extensión que rápidamente adquiere, sugiere un movimiento reflejo que obtura el despliegue de la temporalidad necesaria a toda elaboración. Desde el psicoanálisis podemos plantear el momento actual como presentificación de S (/A) y el sintagma “nueva normalidad” se plantea como sutura del  agujero abierto en el saber, cancelando la fecundidad que podría derivarse en términos de reformulación o  reconfiguración de los modos de vivir previos a la pandemia.  Se lo utiliza en singular,  a menudo asociado con posiciones discursivas de aceptación y adaptación a nuevas condiciones de vida, trabajo, aprendizaje e intercambio humano, donde la promesa digital se propone como tratamiento eficaz del malestar actual, a través de la desmaterialización[4] de la experiencia del espacio, del cuerpo,  de los otros.  Podríamos pensar que se hace recaer el acento en la “normalidad” restituyendo rápidamente lo homogéneo del para todos cuyo reverso,  como sabemos,  es la segregación. Otra acepción es aquella donde “lo nuevo” habrá de determinarse en su propio devenir. “Nuevas normalidades” _me gusta pensarlo en plural_  pondría el acento en la potencia creadora que una crisis profunda induce,  en tanto llama a la reflexión de lo que hasta hace poco hizo consistir “la normalidad” en la civilización,  para brindar respuestas originales, inventivas, que funden nuevos modos de convivir, de producir y de habitar el planeta. Entiendo que el psicoanalista puede acompañar este movimiento, frente a la precipitación de una idea de  normalidad cualquiera. Señalar la dirección a lo real absteniéndose de agregar sentido, haciéndose soporte de lo que resta como opacidad. Siguiendo a Miller, el analista es quien puede preservar algo del “quod sin el quid”;  apuntar a la hiancia abierta por el vacío de significación como oportunidad de que algo del registro de la invención,  como respuesta distinta del delirio,  pueda tener lugar. Mariana Pecchio Adherente del Centro de Investigación y Estudios Clínicos de Córdoba (CIEC) Participante del Nudo La Patria del Sinthoma [1] Bassols, Miquel.  “Coronavirus, la ley de la naturaleza y lo real sin ley” https://zadigespana.com/2020/03/20/coronavirus-la-ley-de-la-naturaleza-y-lo-real-sin-ley/ [2] Ramonet, Ignacio. “La pandemia y el sistema-mundo” IGNACIO RAMONET |sábado, 25 abr 2020 https://www.jornada.com.mx/ultimas/mundo/2020/04/25/ante-lo-desconocido-la-pandemia-y-el-sistema-mundo-7878.html [3] Miller,  Jaques Alain.  De la sorpresa al enigma. “Los  inclasificables de la clínica psicoanalítica”. Instituto clínico de Buenos Aires/Paidós ©1999 [4] Baricco, Alessandro. Desmaterialización,  pag. 83. “The Game” ©Editorial Anagrama, 2019.

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Lecturas de un acontecimiento transindividual

“En lugar de hablar de lo que ustedes no ven hablen, hablen de lo que escuchan, es en sustancia lo que dice Lacan, y de lo que es hablar y escuchar”.[1] Jacques-Alain Miller, El eterno patapuf. Cuando aparece el sintagma nuevas normalidades se podia escuchar la incertidumbre en muchos campos, esto llamó mi atención. No era posible aún interpretar las consecuencias de la irrupción del Real de la pandemia, al menos no en Argentina que, a pesar de haber tenido la posibilidad de ver lo que sucedía al otro lado del océano, aun no era posible pensar en un nuevo funcionamiento de nada. En mi práctica, luego de las primeras extensiones del aislamiento social preventivo obligatorio, escuchaba como se intentaba nombrar algo del hacer para salir. Lo “nuevo” y lo que se pretendía “normal” nos ponia a distancia del otro, una distancia que a algunos aliviaba y a otros incomodaba, molestaba, pero había que verselas con eso de todos modos. Recordé el termino transindividual que había podido ubicar en la clase del 24 de Junio de 2017 de Jacques-Alain Miller, cito: “…estaba en la Revista La Psychanalyse: ‘…el dominio (del psicoanálisis) es el del discurso concreto en cuanto campo de la realidad transindividual del sujeto’. Eso me deslumbró «realidad transindividual del sujeto». Esta frase desencajaba bruscamente la idea de lo individual y de lo colectivo y demostraba que la subjetividad de una época tiene un sentido porque se trata de una realidad transindividual. ¿Cuál es el ejemplo tópico, memorable que todos conocen que toma Lacan? Es el de los tres prisioneros, son tres individuos pero están enganchados uno con otro lo que constituye una subjetividad prisionera, como se está prisionero de su época.”[2] Es la pandemia un acontecimiento transindividual del cual habrá que relevar entonces los efectos y la pregunta que me surge es: ¿de qué estamos prisioneros en esta época? Con el recurso a la lengua, un modo de decir que ya estaba allí desde 2008 para nombrar las consencuencias de una crisis, en ese tiempo económica, reaparece en la escena. Nuevas normalidades hace el intento de apresar algo de aquel Real que irrumpió e impactó en la vida de los seres hablantes, en el cuerpo, en las soledades y sobre todo en el lazo al otro. Resonaba fuertemente en los medios de comunicación como un modo de control sobre la amenaza que el virus y el contacto con el otro implicaba. ¿Cómo es que resulta tan pregnante? ¿Se trata de un imperativo social? “Un imperativo es una demanda del Otro, a la cual se añade que está prohibido interpretarla. El resultado es pues reabsorber el deseo en la demanda.”[3] Digo esto para pensar el rasgo que Lacan nos dice que tiene el hombre moderno: la docilidad, la docilidad del parletre a gozar como demanda del amo. Jacques-Alain Miller nos dice que hay un cambio del régimen de existencia, del para todo x al no-todo. “Estamos en la época del no-todo, en la cual, a falta de ideas generales, precisamente hay que mirar las cosas una por una. Estamos en la época del detalle”.[4] El para todo x ya no ordena, no funciona, ni regula, las ideas generales no son valideras, la ley ya no opera. En el regimen del no-todo, la ley sigue estando pero es una ley que no tiene excepciones, así este regimen resulta mucho más totalitario que el regimen para todo x, en el cual la excepción podía ser cada uno, la excepción era un efecto mismo del sistema y así podía habitar en él. Entonces, en régimen del no-todo, hay un “totalitarismo serial” que trae consigo la sospecha generalizada, todos sospechosos, todos deben ser evaluados permanentemente y luego además hay que verificar. Los medios de comunicación masivos, el mercado y los comités cientificos vociferan con esos modos intentando cernir al individuo, encontrandose cada vez con ese imposible, ya que esto no responde a lo simbolico en el sentido del orden, sino que retorna cada vez para perturbar, sorprender con sus efectos y no vuelve siempre al mismo lugar porque ya no está allí el Otro como soporte de ese lugar. Otra consecuencia de este nuevo régimen es el síntoma amordazado por el discurso de la ciencia, el capitalismo y los objetos que estos producen. Interpreto que nuevas normalidades cae en ese lugar, como intento de amordazar los efectos que se empezaban a presentar a partir de la emergencia del COVID-19 y las estrategias políticas que se fueron implementando. Creo que el el feminismo aparece como algo nuevo en esta época, si bien se viene gestando desde mucho, emerge en el otro social en nuestro país a partir del Ni una menos y así se hace escuchar. Este colectivo aloja la serie, las singularidades con su causa en el corazón, el centro de su lucha es por la vida, “vivas nos queremos” pueden decir al unisono para enfrentar la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo; la violencia de genero; la trata y secuestros; y las desigualdades a las que se enfrenta el género femenino y afectan a su vida. Con la pandemia emerge un real que, como real, es sin ley y se trata de proporcionarsela con la inflación legislativa. Cada 10 días escuchabamos nuevos decretos que extendían los modos de aislamiento social en diferentes fases y con nuevas disposiciones de los cuerpos y la vida de los sujetos, algunas teniendo que dar marcha atrás luego de leer el impacto que producian. Otra evidencia de que ya no estamos en una época donde el Otro es un regulador que puede poner las cosas en su lugar, “tenemos que vérnoslas con un mundo imprevisible, incierto, eventual, que da lugar a cierta desestructuración, a cierta desterritorialización (…) y, correlativamente, a la patología que atrapa a quienes no pueden seguir ese movimiento imprevisible de lo real”.[5] Nuevas normalidades entonces abrió la posibilidad de salir, sin necesariamente quedar en la docilidad caracteristica del hombre moderno, pero como dice Eric Laurent, “…será necesario, uno por uno, contribuir a

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Una resistencia astuta

En medio de una pandemia que produjo el confinamiento de gran parte de la humanidad, una rebelión se desató tras el brutal asesinato de George Floyd en Estados Unidos. En el Debate convocado por Zadig España, Gustavo Dessal anudó los dos hechos. Covid 19 y el asesinato de G. Floyd se anudaron en la ASFIXIA. Gustavo Dessal nombró la “irrupción de un acontecimiento vírico”[1] que reveló lo que permanecía invisible y resonó a partir del ahorcamiento de G. Floyd en una consigna que se extendió por el mundo “No puedo respirar”. Fue un grito de agonía que condensó: La asfixia que provoca el virus. El ahogo de un planeta que se llena de desecho, mar de basura industrial, a punto de colapsar. El ahorcamiento que el sistema neoliberal inhumano produce en la gran mayoría de la población. No puedo respirar, nombró entonces un imposible de soportar. Ante este panorama, ¿Qué respuestas ante lo imposible de soportar? ¿Cómo incidir desde el Psicoanálisis? El término incidir viene del latín incidere. Por un lado, es influir, repercutir y por otro es cortar, incisión que hace el cirujano. Se trata de encontrar las condiciones de posibilidad de incidir y, si bien eso es contingente, la posición del analista como “Ayuda Contra” el Amo de la época, es una posición ética a sostener en los debates de la civilización.  “Ayuda contra” es un nombre del psicoanalista en el Seminario 23 (Lacan, 1975) la función que el analista encarna, incomoda, impacta al romper sentidos establecidos, estancos, abriendo nuevas perspectivas. “Una resistencia astuta” (Piezas Sueltas, 2004) o una “rebelión advertida” (¿Cómo rebelarse?, 2010) son referencias de Miller que orientan en la posición del analista como “Ayuda Contra” el Amo. Así se abrió una línea de investigación, desarmando la fijeza de un sintagma que se impuso, “Nuevas Normalidades”, revelando sus paradojas. La segregación hoy: conectados – desconectados La pandemia instaló en la idea de una “nueva normalidad” una tendencia ya existente, el Amo de la época, el Neoliberalismo en su alianza con las tecnologías de telecomunicación y televigilancia. ¿Qué estatuto tiene lo tele hoy? El uso de las tecnologías de telecomunicación, en algunos casos supuso un acceso más equitativo y democrático a la información y en la pandemia se constituyó en un medio posible de sostener lazos. Pero también puso en evidencia la enorme desigualdad y profundizó un modo segregativo ya existente. Escucho a una docente: “Les envié a los chicos un archivo por WhatsApp para trabajar. Pero veo que la última conexión desde su celular fue el 13 de marzo, sólo accedían a WiFi en el colegio.” La segregación es la gangrena de la civilización hoy, el nombre del malestar en la cultura actual, ya no el esclavo, o el explotado, sino el excluido. Y tomó la forma de una nueva grieta: quienes pueden conectarse y quienes no; quienes pueden protegerse y quienes no. Obediencia y docilidad Amador Fernández Savater[2], advierte que el Neoliberalismo en su alianza con las tecnologías de vigilancia operan en nombre del bien con una falsa dicotomía: Obediencia o fin del mundo. Obediencia a la vigilancia bajo el nombre del cuidado, o fin del mundo. Encuentro allí un nombre de la docilidad que Lacan definió como el rasgo del hombre moderno. El objetivo de Lacan, como lo señala Miller en Iluminaciones profanas (2005), consiste en echar luz sobre los espacios más oscuros de la condición humana. Lacan escribió La Psiquiatría inglesa y la guerraen 1946. Precisa el lugar del psicoanalista en el mundo de post guerra, en esa ruptura histórica, salida del infierno. Es un tratado de ética sobre el malestar en la civilización. Referencia oportuna. Al final de ese texto, nombra el rasgo del hombre moderno: La espantosa docilidad. Docilidad al superyó, a la tiranía de la pulsión de muerte que opera con la cara del superyó. “Esta guerra ha dejado en claro que los oscuros poderes del superyó se ligan con los más cobardes abandonos de la conciencia para llevar a los hombres a una muerte aceptada como sacrificio heroico”[3] Una rebelión advertida Ante lo imposible de soportar, la rebelión es una respuesta. La rebelión tiene características que señala Miller en ¿Cómo rebelarse? (2010): es una reacción visceral inmediata al encuentro abrupto con un imposible de soportar, un “no” instantáneo. En tanto la subversión es empresa de largo aliento, que demanda el conocimiento profundo del orden que se trata de arruinar, derribar. Miller no plantea por qué rebelarse sino cómo, porque la rebeldía debe ser respetada como tal, en su sentido y su dignidad, es siempre legítima. Pero conlleva en sí misma un acto de sacrificio, una apuesta en la que se juega la vida. Ante esto, una “rebelión advertida”. “Conviene estar advertido de la relatividad de lo imposible de soportar: es el de cada uno, no dejarse engullir y poder marcar el paso… conviene estar en guardia si queremos rebelarnos de la buena manera, es decir, sin llevarlo a cabo en el modo suicida”[4]. Que la apuesta no sea con la propia vida. Astucias En Piezas Sueltas (2004) Millerinterpreta el malestar de la época y señala la posición del psicoanalista en una Resistencia astuta. Se pregunta “¿Qué hay en términos de resistencia, que no sea resistencia ludista?” El ludismo fue un movimiento social que nació en Inglaterra entre 1800 y 1830 y consistió enviolentas acciones de destrucción de máquinas. La causa que desencadenó los disturbios fue la precaria situación laboral y social tras la introducción de moderna maquinaria en la producción textil, arrastrando a la ruina a los telares tradicionales, impotentes a la hora de competir con las fábricas. Los artesanos cayeron en el desempleo. Esta rebelión se caracterizó por la espontaneidad y la ausencia de una ideología política definida. Fueron reprimidos con suma violencia por el gobierno. Entonces, “Se trata de encontrar otro tipo de resistencia, que necesitemos una resistencia astuta”. Un modo de incidir es sostener conversaciones entre el psicoanálisis y referentes de movimientos que quieren “hacer inevitable el cambio”[5], en los feminismos, en la educación. Desde el Psicoanálisis, cuando el

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“La segregación en sus relaciones con lo (in)mundo”

Intervención realizada en el Núcleo Zadig, Córdoba (Argentina): La segregación y los cuerpos (*) Mientras este tiempo raro, dislocado, va transcurriendo, aparecen preguntas que, en mi caso, más que en relación con el virus que nos ha invadido, se refieren a lo que va ocurriendo en la sociedad, en las personas, en el mundo. Reacciones, miedos, fantasmas, etc.  Primero, escribí “Una proposición” (1), un texto breve que relaciona la segregación con la pandemia, apuntando especialmente a los efectos.   En esta ocasión se trata de una variación sobre ese primer escrito a partir de introducir algunos conceptos más. He aquí unas notas. Retomo entonces la cita de Lacan que provocó aquel trabajo: “Nuestro porvenir de mercados comunes será balanceado por la extensión cada vez más dura de los procesos de segregación” (2).  Esta cita de 1967 pone en relación directa los dos términos del título de esta intervención, la segregación y el mundo, a través de la referencia a los mercados comunes, que hoy llamamos global. Tomaremos estos dos términos uno por uno. Segregación Hay una buena cantidad de referencias de Lacan a la segregación, todas tiene un interés particular. Escogeremos algunas.   A mediados de los años ’60, Lacan introduce la cuestión de la segregación en su Seminario El reverso del psicoanálisis, partiendo de la idea que la segregación como concepto tiene su origen en la fraternidad. “Sólo conozco un origen de la fraternidad, es la segregación” (3).  La fraternidad es presentada como un estar separados juntos, un conjunto separado del resto. Entonces, digamos que la fraternidad es presentada como oxímoron y también como paradoja.  La referencia a Tótem y tabú y a la muerte del padre, se hace evidente. Fraternidad es definido en la lengua castellana como amistad o afecto entre hermanos o entre quienes se tratan como tales. Por lo tanto, es un afecto que se manifiesta en un determinado lazo. Es decir que, si la fraternidad se origina en la segregación, de alguna manera la segregación genera esos lazos particulares. Esto ya parece relevante: la segregación no se produce sin esos lazos. Lacan también señala la segregación como una práctica social causada por el discurso científico. No se contradice con lo anterior, es otra vertiente del mismo fenómeno. Por ejemplo, en la Proposición sobre el psicoanalista de la Escuela, Lacan se refiere a la universalización – ¿globalización? –  como un reordenamiento de las agrupaciones sociales producido por la ciencia.  Y en la Alocución sobre la psicosis del niño, también se refiere a la relación entre el progreso de la ciencia y la segregación, destacando que es el factor que interviene en la época como el problema más candente. Sin dejar de mencionar el racismo, que con total actualidad, se une a lo que llamamos problemas segregativos.  Los procesos segregativos se generan cuando en la relación con el goce del Otro, ese goce, resulta insoportable. Digámoslo así: el discurso del amo tiende a homogeneizar los goces para poder ejercer el control, es decir, no tolera la diversidad. Sería un “divide y reinarás, pero no dividas de cualquier manera, haz homogénea cada división”.  Se ve claro en relación con este actual coronavirus y sus efectos sociales; así como en ciertas prácticas pedagógicas que en su ideario inclusivo se generan efectos segregativos inevitables. Los ejemplos serían interminables.  Hay significantes que producen un reordenamiento creando núcleos exclusivos. Es muy interesante destacar lo irreversible de la estructura: El proceso de segregación se impone sobre la obligatoriedad expresada en la norma. Efectos de lo real.  (In) Mundo Es en el Seminario “…o peor” donde Lacan da el giro definitivo hacia el Uno solo y es precisamente allí que habla del mundo. “El mundo gira, marcha, lo real es lo que no anda (4)” dice Lacan.  Al final, encontramos una referencia a la relación del hombre con el mundo: “no hay mundo que sea suyo si no es el mundo que el amo hace marchar sin discusión”. Una vez más, Lacan enseña cómo lo que creemos propio, nuestro mundo en este caso, es lo que el amo indica.  Desde siempre la relación del hombre con ese “mundo suyo” no ha sido más que una ñoñería que está al servicio del discurso del amo.  Vemos que algo marcha, no se sabe hacia dónde, no hay discusión posible cuando no sabemos con quién discutir, pero marcha. Y cuando un real sin ley comanda, a dónde se orienta el mundo. En 1974, en la Conferencia de prensa en Roma (5), Lacan nos deja esta perlita que anuncia el porvenir –que ha llegado-: “…es divertido…” así empieza…, “ver a algunos científicos alarmarse, tener miedo y pensar que luego de haber convertido a las bacterias en un instrumento sublime de destrucción de la vida, viene alguien y las saca del laboratorio…empiezan a ver que se pueden fabricar bacterias resistentes a todo y que podrían acabar con los humanos.…  Sería el signo de que el hombre es capaz de cualquier cosa…de su propia destrucción…”  Recurramos a Miller cuando, en su trabajo sobre la última enseñanza, explica las relaciones del parlêtre con el mundo (6). El significante se introduce en el mundo a través del lenguaje y el efecto es que el mundo se descompone. La sustancia significante aísla la sustancia gozante.  La relación con la cuestión de la segregación resulta evidente. El lenguaje crea lo in-mundo. A ese mundo descompuesto lo llamamos lo inmundo. El mundo, entonces, sería una versión de la armonía y lo inmundo, otro nombre de la descomposición. Las resonancias con el resto y los deshechos, resultan innegables.  Parece importante también considerar que el mundo al que nos referimos en los días de confinamiento provocado por la COVID, lo vemos a través de las pantallas. Es un fenómeno global. No es un tema menor. La pantalla es el velo que distorsiona lo real, a la vez que separa y crea ilusión. Para terminar, una puntuación. El significante descompone el mundo, pero también es el significante que a través del lenguaje percute el cuerpo en una operación por

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Lo que hace trauma. Interfaz Covid-19

                NUEVAS NORMALIDADES. Nota de una conversación                 El desarrollo del virus Covid-19 impacta como un hecho social total[i]. Dejó a muchos en estado de perplejidad, su impacto provocó un agujero en el sentir y en el sentido de la vida, se trata de una situación enigmática que nadie sabe clarificar. El espacio social está tomado por un efecto de irrealidad, de incertidumbre ¿Cuánto tiempo se puede estar sumido en la perplejidad? Parece ser que la vida ya no será igual. Momento de opacidad, de derrumbe de la cotidianeidad. No hay señales que permitan orientarse.                 Frente a esto, en Córdoba, una colega del nudo La patria del sinthoma propone la conversación. De ese modo nos reunimos on line durante varias semanas a leer y conversar. Conversación de la que se desprenden estas líneas en el intento de bordear el sin sentido de esta experiencia que abarca a todos los países del mundo.                 La declaración de esta pandemia sorprendió dejando a las personas sin defensas. Deja al descubierto la inmensa grieta de la desigualdad social, el maltrato ambiental y provoca crisis personales. Cae como una bomba que aplana los lazos, no hay lugar para el resguardo. La interrupción de los sentidos y actividades cotidianas abre un agujero. Si a eso le sumamos que todas las personas cobran el potencial poder de ‘hacer morir’ se afianza la desconfianza, la delación, la vigilancia y sabemos que vivir en un estado de desconfianza radical es más operativo para descomposición del lazo social que para el resguardo.                 Qué sucede cuando las defensas caen y lo que creímos certero vuela. Ahí se da, entre otras cosas, la posibilidad, la chance de la aparición de un nuevo sentido de las cosas[ii]. Un potencial espacio de preguntas radicales sobre la vida en común[iii]. ¿Quién tomará el lugar de agente del nuevo sentido, el sentido común? Cuando eso es llamado ¿quién toma a su cargo ese llamado que va a crear nuevas ficciones? Frente a lo que hace trauma ¿dónde se asienta una respuesta posible? ¿Cómo acomodar las formas, las decisiones?                 Un trauma se situaría en interfaz entre la descripción científica del mundo y un fenómeno cultural que lo excede[iv]. Agujerea, allí se entremezclan la política, el cuidado, el temor al autoritarismo, la responsabilidad subjetiva, la ética: ¿Cómo rebelarse?[v] ¿Cómo fugar? Para que la respuesta no quede polarizada entre obediencia o catástrofe social. Asuntos de Moral. Vísceras. Acontecimiento de cuerpo.                 Una operación posible para quien analiza es desplazar los límites del discurso, traumatizar, agujerear a la vez el discurso común para autorizar otro discurso, el del inconsciente. Por la posición que un analista ocupa, es el garante del surgimiento de lo que emerge en su dimensión de ruptura con el sentido, ocupando el lugar, en determinado momento, de favorecer la reparación del sentido por el atravesamiento de la angustia. A la vez, el sentido mismo es un objeto peligroso y su sobredosis lo vuelve inoperante. Por ello, y considerando el trauma lenguajero, situándose como instalación precaria[vi], un analista puede dar la posibilidad de abrir y viabilizar una invención, una respuesta inédita, cada vez, que reactive el cuerpo singular y colectivo, haciendo de la incertidumbre una potencia, del agujero un pasaje[vii]. María Marta Arce Adherente del Centro de Investigación y Estudios Clínicos de Córdoba (CIEC) Participante del Nudo La Patria del Sinthoma [i] Ramonet, I. Disponible en: https://www.lemondediplomatique.cl/ante-lo-desconocido-la-pandemia-y-el-sistema-mundo-por-ignacio-ramonet.html [ii] Miller, J-A. Siete sustituciones para la época, en revista Mediodicho 29. Política, enfermedad y época: ¿que trata el psicoanálisis hoy? [iii] Savater, A. Obediencia o fin del mundo: la estrategia de la disuasión disponible en: http://lobosuelto.com/obediencia-estrategia-de-disuasion-fernandez-savater/ [iv] Laurent, E. El revés del trauma. Revista digital Virtualia n°6. Pág 2. Año 2002 [v] Miller, J-A. ¿Cómo rebelarse? Freudiana nº 65. Revista de psicoanálisis de la ELP-Catalunya [vi] Laurent, E. El revés del trauma. Op. Cit. [vii] Savater, A. Obediencia o fin del mundo: la estrategia de la disuasión. Op. Cit.

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“Hacer inevitable el cambio”*

Celebro la iniciativa del Nudo La patria del sinthoma y a Hilda Vittar por haber realizado una entrevista tan vivida a un pedagogo como Francesco Tonucci, alguien que hace más de 30 años se ocupa de pensar la educación en términos de una “realidad efectiva”, como ubicamos desde el psicoanálisis a una experiencia que implica lo más propio de la subjetividad y de sus lazos. Tonucci de entrada deja muy claro que su posición e interpretación sobre la educación no responde a ninguna utopía filosófica, lejos de ello ha comprobado los efectos de su posición en los docentes y en los niños y adolescentes que tuvieron la buena fortuna de haber sido sensibles y alcanzados por esta invención singular que deviene de una lectura crítica y de su deseo de un necesario y efectivo cambio. Este cambio, aclara, no responde a la formulación de nuevas leyes y normas, sino a una interrogación seria y profunda sobre la escuela que en este momento el mundo necesita. Ubica que las constituciones del mundo democrático contemplan el derecho a la educación para lograr la igualdad de los ciudadanos. Tonucci en este punto marca la diferencia, la escuela dice es un lugar privilegiado porque los seres hablantes somos diferentes, entonces la verdadera misión de la educación es formarlos con sus diferencias, tarea imposible? Con Freud conocemos que existen tres profesiones imposibles, educar, gobernar y psicoanalizar. El sujeto está estructuralmente en falta, no puede erradicar lo real de sus pulsiones, que no tienen orden ni ley, ni acceder al objeto de deseo. La imposibilidad no impide que el deseo de cambio se efectivice y que cada sujeto pueda acceder a la educación como un “instrumento de vida”, agregaría singular y social. Sabemos que cada “alumno” podrá usar si se produce el buen encuentro, las invenciones, las marcas, de su paso por la escuela. Si no conocemos los signos de un sufrimiento prolongado. El psicoanálisis y la educación tienen en común una formación permanente, la diferencia es que para el psicoanálisis no existe la garantía en el Otro sobre lo que es un analista. Hay un agujero en el saber. La educación parte de un saber que habría que formalizar y transmitir, Tonucci piensa la educación a nivel de lo que en el psicoanálisis podríamos definir como “el inconsciente está estructurado como un lenguaje”, existe la lengua y sus usos, él concibe así la educación, en un uso diría transindividual del lenguaje, que permitiría al niño acceder a las cosas del mundo. Me impactó en la entrevista la confianza que tiene en los “buenos maestros”, ellos saben hacer lo que él piensa sobre la educación. Es insoslayable escuchar en esta posición un deseo decidido, que se ha sostenido a lo largo de los años pese a las dificultades y críticas que ha recibido. El ejemplo del niño que le arregla el auto al inspector me recordó lo que implica la incidencia de un deseo y de una lectura singular sobre lo que algunos maestros definen como “fracaso escolar”. Hace muchos años me encontraba trabajando en una escuela pública de un pueblo cordobés, el nivel de “fracaso escolar y de repitencia” del primer grado era del 30%. Decidí con una colega psicopedagoga conmover esta situación que parecía ser aceptada naturalmente. El trabajo casi individual con estos niños por un lado y la conversación prudente y sostenida con sus maestras nos permitieron leer que muchos de estos niños sabían mucho más de lo que la escuela les transmitía. El desfasaje estaba en una posición prejuiciosa de los maestros y en una dificultad de entender la lengua del Otro. El aporte de esta lectura tuvo efectos más allá del trabajo puntual que nos propusimos. Al día de hoy me pregunto seria esta una incidencia posible? Pienso que si! Como lo es esta entrevista también. El psicoanálisis de orientación lacaniana sostiene una relación viva con el deseo y es rebelde a cualquier normalización, solo hay que quererlo. Adriana Laión Psicoanalista en Córdoba. Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP) y la Escuela de Orientación Lacaniana (EOL). Participante del Nudo La Patria del Sinthoma *Enunciación – interpretación  de Hilda Vittar en un momento de la entrevista

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Reflexiones sobre educación, a partir de la entrevista a Francesco Tonucci

Es un placer escuchar la entrevista que Hilda Vittar le hace a Francesco Tonucci[1]. Diría que hay un clima de satisfacción allí. Si bien el psicoanálisis y la educación son discursos diferentes, convergen en esta entrevista en un punto y es que ponen en valor el uno por uno, lo más único de cada quien. Francesco comenta que el ministro de educación de nuestro país lo ha llamado, y también otros países latinoamericanos y España. Esto es auspicioso para nuestro país dado que propone una escuela del encuentro con otros y con el saber, desde lo más propio y único de cada uno: nos habla de su idea acerca de laboratorios- no aulas estancas- donde los sujetos se desplazan y de un modo revolucionario para agruparlos desestimando la edad como criterio. Pienso que esta propuesta favorecería lo que entendemos con Freud las identificaciones horizontales[2], a diferencia del docente al frente y el alumno en el banco, fijo. Esto sucede al mismo tiempo en que algunos países, que no son latinoamericanos, propician el “tú y tu pantalla” en una suerte de empuje a una teleducación. El psicoanálisis no está en contra de la tecnología. Nos interesa fundamentalmente el “uso” que se hace de ésta, un uso que favorezca el lazo social y no que lo reemplace. Leí hace tiempo atrás un libro que proponía algo para mí en aquel entonces inimaginable: reemplazar la escuela como lugar para el aprendizaje, por la teleducación en casa. Por otra parte la ciencia ha impregnado el campo de la educación con un cognitivismo comportamental bajo el semblante de las neurociencias, por lo cual frente a un síntoma es frecuente la derivación al neurólogo, a medicar, a buscar el certificado de discapacidad para tener acceso a una batería de tratamientos, acompañamientos terapéuticos y adaptaciones curriculares. No hay aulas sin niños y jóvenes con estas cuestiones. Mientras tanto, constato que docentes y alumnos desean volver a reencontrarse en la escuela. Tal vez porque constatan que no basta con instruir, es necesario humanizar: pasar por el otro para sonreír, aprender, hablar, disentir, interpelar, pensar… Creo que en este momento y a partir de esta situación excepcional de aislamiento, hay el riesgo de un deslizamiento hacia la teleducación entre comillas “democrática”, que por otro lado incidiría en los costos que de hecho son elevados dado el malestar que hay en la escuela, por lo cual en nuestro país la cantidad de docentes es de tres por cada puesto de trabajo. Escuchamos en la entrevista que el lazo social que se establece en la escuela está formulado, no en términos del uno por uno, sino del “todos” y esto mismo corroe el lazo. Hay ruptura y rechazo a consentir con el otro, rechazo a la diferencia. Con este panorama, es posible y poco feliz ir hacia una educación donde cada uno estaría confrontado a su internet para “hacerse a sí mismo”, pasando cada vez menos por el otro. Lo que podría ser un instrumento para el intercambio de saberes, puede convertirse en un instrumento de estandarización que atente contra toda singularidad. Yo pienso que el contacto docente-alumno en la escuela aporta un elemento esencial a la constitución subjetiva. En la escuela la subjetividad puede ser alojada, respetada y reconocida. Se modifican planes y nada cambia, porque se pretende dominar lo real con el semblante. ¿Qué podemos aportar desde el discurso analítico? Tengo la idea que en principio, se trataría de ubicar lo real en juego, que implica reformular la formación docente para ir a contrapelo de los efectos de la segregación; y en un nivel más profundo remite a lo que J.A.Miller denominó el Estándar pos humano[3], donde cada uno estaría solo con su plus de gozar, efecto de la segregación. Les he preguntado a mis alumnos de quinto año de secundaria, ¿de qué sufren? Y dicen temer ser discriminados y apartados del grupo. Prefieren alienarse al grupo para no naufragar en soledad. El consumo es masivo, y el abuso y los ataques sexuales se hacen cada vez más frecuentes. Ya no encuentran lugares donde juntarse entre ellos. Entonces, la escuela puede ser el lugar, en algunos casos, el único lugar donde aprender a vivir con otros. La función educativa es fundamental en este sentido. ¿Cómo incidir? El término incidir viene del latín incidere. Por un lado es influir, repercutir y por otro es cortar, incisión que hace el cirujano. Se trata de encontrar las condiciones de posibilidad de incidir y eso es contingente, cuando es inevitable el cambio, tal como lo escuchamos en la entrevista. Se trata de conmover algo y el modo de hacerlo se inventa cada vez. Un modo es éste mismo que nos reúne hoy en esta conversación, donde cada uno puede aportar algo, su interpretación. De hecho hay una implicación cuando se toma la palabra. Por ejemplo interpreto que los foros van a favor de esto. Otro nivel de incidencia lo ubico a nivel del acto, del que solo se puede saber que lo hubo por sus efectos. J.A.Miller, efecto de interpretar lo que implicaba que ganase Marine Lepen las elecciones, decidió ir en contra de Marine Le Pen. Hizo el corte del cirujano y hubo efectos. En 2007, el Inserm en Francia propuso diagnosticar a los niños para detectar futuros criminales. Educadores y psicoanalistas se opusieron y eso no ocurrió. También oponernos a una ley que quería impedir el tratamiento psicoanalítico a los sujetos autistas, lo frenó. Interpreto que nuestra  política de incidencia Zadig se orienta por el acto del analista. Estela Carrera Psicoanalista en Córdoba. Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP) y la Escuela de Orientación Lacaniana (EOL). Participante del Nudo La Patria del Sinthoma La imagen es una viñeta de Francesco Tonucci, Frato [1] Entrevista de Hilda Vittar a Francesco Tonucci, en Youtube. El enlace está en el blog del Nudo La Patria del Sinthoma [2] Freud. Psicologia de las masas y análisis del yo [3] Miller, J.A; Una fantasía, en Revista Lacaniana Nº 3

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