Ciencia, cuerpos y capitalismo

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TORCER LO DADO – Por Javier Navarra

Participante del núcleo temático de Incidencia: Cuerpo, soledades y redes sociales Adherente al CIEC El discurso de las redes sociales se configura a partir de la articulación de sistemas de software y cómputos, en consonancia con marcos regulatorios comerciales y unas formas discursivas que definen un régimen de prácticas sociales significantes. Las prácticas ejecutadas son legitimadas por dicho discurso, con el fin de capturar y apropiarse de la atención de usuarios (Ubieto, 2023 & Berti et al, 2024). La eficacia de dicho discurso depende de la atención efectiva que los sujetos brinden a las redes, para registrar el involucramiento del sujeto, ya sea por duración, intensidad y recurrencia de la interacción (Ubieto, 2023 & Berti et al, 2024). Las redes registran interacciones con juegos y plataformas, auscultan contenidos de audio o video, indagan en gustos, en contenidos semánticos y contactos interpersonales para disputar con el conjunto de prácticas sociales el tiempo disponible que el usuario brinda al uso de las redes. Es decir, se trata de la explotación de las pulsiones de los sujetos por una economía de carácter consumista que es continuamente formalizada por las matemáticas aplicadas y los algoritmos que buscan atraer y retener a los sujetos. El psicoanálisis ha indagado en los aspectos involucrados en la atención. Específicamente Miller retoma la conceptualización que hace Freud sobre los mecanismos del chiste, y como este indaga sobre la atención, a partir de su participación en la estructura del Witz. Freud estaba interesado en obtener un saber sobre la eficacia del chiste y cómo se logra el dominio del otro para hacerlo reír, para que toda la energía sea utilizada en reír y de esta manera no se mal utilice o se desvíe la energía en otra cosa (Miller, 1996). Freud toma distancia de los estudios de la psicología que indagan en las relaciones posibles entre la atención, en relación al tiempo de duración y la aparición de la fatiga, es decir en qué momento la misma decae; y se centra en indagar en la atención como un exceso de investimento, la cual se activa cuando, en determinadas circunstancias, la atención se fija sobre algo que nos rodea. La eficacia del mecanismo es solicitar al sujeto un exceso de investimento, una inversión, un plus de gozar (Miller, 1996). Para Miller esto sugiere un interrogante ¿Qué es lo que, en un momento dado, se enciende en el pensamiento y condensa el goce? Para que un chiste sea efectivo lo que debe lograr es llamar la atención, pero a la vez adormecerlo. Como psicoanalistas la cuestión es saber cómo interviene este exceso de investimento y cómo se puede maniobrar con ese suplemento, ese plus de goce (Miller, 1996). Se retoman las conceptualizaciones sobre la atención y el chiste, para reflexionar sobre la incidencia de las redes sociales en la atención y como estas buscan modelizar las pulsiones orientando a los sujetos a realizar determinadas prácticas. Esta modelización de las pulsiones, tiene un efecto sobre el sujeto lo cual se le presenta en el cuerpo como un no poder dejar de hacer. Estos dispositivos retencionales, confrontan al sujeto con una demanda contra la que en un principio no puede defenderse. La tarea consiste en poner en palabras, la forma que adoptan los actos desregulados de los sujetos por el uso de las redes. Esta es una condición preliminar a una subjetivación que permita decidir con mayor autonomía la manera de habitar los ambientes digitales. Despertar al sujeto de ese adormecimiento, de esa espera vacía que generan. Que logre distanciarse de los efectos retencionales para apostar por la presencia física y contingente de los vínculos. Referencias: Berti, Agustín Federico; Reynoso, Julián; Blanco, Javier Oscar; Ilcic, Andres Alejandro. “Bases epistemológicas y alcances políticos de la computación a gran escala. Cómo repensar la inteligencia artificial desde abajo”. Revista Colombiana de Filosofía de la Ciencia.  Revista Colombiana de Filosofía de la Ciencia; 24; 49; 12-2024; 169-199. Freud, S. (1905). El chiste y su relación con lo inconsciente. (Vol. VIII). Buenos Aires & Madrid: Amorrortu editores. Miller, Jacques-Alain: Entonces: «Sssh…”, Ed. Eolia, Barcelona, 1996. Ubieto, José R. “Por qué la presencia (física) seguirá siendo necesaria”. zadig españa. Abril de 2023.

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¿QUÉ ME QUIERE EL OTRO? ENTE – Por Agustina Albertocchi

Participante del núcleo temático de Incidencia: Cuerpo, soledades y redes sociales. A partir de la propuesta de José Vidal, en el marco del movimiento Zadig, acerca de trabajar sobre “Cuerpos, Soledades y Redes Sociales”, es que un grupo de personas nos abocamos a la lectura de distintos textos. Hubo producciones, pero también saldos, entre estos se encuentra el mencionado por José Vidal, en una de las reuniones mantenidas, sobre la ingeniera social. Punto clave a mi entender del texto de Eric Sadin: La vida espectral. Pensar la era del metaverso y las inteligencias artificiales generativas. Creo que Eric Sadin llama a esta ingeniería social, el proyecto civilizatorio, es decir qué tipo de sujeto pretenden formatear– o formatean- los poderes globales (hiper-presentes, ocultos, oscuros y siempre interesados en acumular poder y capital), a los fines de digitar fácilmente sus vidas. Las consecuencias no se hacen esperar y no son las mejores. Sadin trae a colación la pereza (los pecados capitales siempre tienen algo de sufrimiento, por lo excesivo, en el placer que provocan) que, según su perspectiva, caracterizaría de alguna manera a los seres hablantes y de la que se servirían estas fuerzas, hechas de la técnica, para entrometerse y dominar. De lo extraído en las conversaciones con los compañeres del núcleo de incidencia, si el lazo siempre implica un imposible a sortear; si el deseo no está exento de esfuerzo y renuncia; si el amor hace condescender el goce al deseo, pero no sin inconvenientes y si hacer presente el cuerpo nos confronta a toda una gama de dificultades, no es tan descabellado pensar qué cómodo y preferible resulta permanecer ¿aislado? ¿encerrado? ¿solo? dando rienda suelta a los gustitos íntimos y personales por medio de las pantallas y aparatos tecnológicos. Ahora bien, no es sobre cualquier función sobre la que influyen estos aparatos y es algo que Sadin (nos) advierte, haciendo hincapié en un régimen retiniano. Hay una captación de la imagen en la actualidad, por sobre otros soportes y sentidos, adoptando lo audiovisual (vista y oído) una prevalencia absoluta, en un régimen perceptivo de características únicas, no por su singularidad, sino por su carácter casi monopólico. Esto Netflix lo sabe bien, es por eso que, si sugerís el visionado de una película de origen desconocido, suscitas desinterés, por no decir paja. Esto ocurre en la comodidad del hogar, dado que, me arriesgo a suponer, algo distinto sucede en la sala de cine, en donde esta presencia, posibilitaría, al despistado espectador, atender al film. ¿Se trata esto de esnobismo, elitismo o erudición? Puede ser. O es simplemente la defensa de la existencia de otras formas de la imagen y su relación con la narrativa y el lenguaje cinematográfico, en definitiva, otras formas de la existencia y la percepción, menos pasivas, periféricas quizá. Se trabaja lisa y llanamente en la atención, provocando paradójicamente, cada vez mayor dispersión y/o falta de concentración (esta falta sería al menos auspiciosa). ¿En qué, por qué, para qué? La cuestión en juego no es solo cognitiva, es fundamentalmente política. En su texto “La estética de la dispersión”, publicado en el sitio web “Con los ojos abiertos”, Roger Koza dice algo similar: se ha instaurado lo que denomina una ontología portátil en una topología determinada por la red, es decir somos en la medida en que estamos permanentemente conectados por medio de aparatos tecnológicos en un espacio virtual con otres que “están” en las mismas circunstancias. Y resume: Conexión permanente, dispersión inmanente, ya que la relación entre estimulo-respuesta, por inmediata, se trastoca provocando modificaciones cognitivas. Entonces, volviendo a la estructuración subjetiva del programa civilizatorio que se afanan en instalar: ¿Para qué nos querrían bobos, entes, desatentos? A continuación, una cita, con la que, improviso/propongo una respuesta: “Conexión permanente, dispersión inmanente, he aquí una fórmula para desacelerar el entusiasmo acrítico frente a la velocidad de las conexiones y la naturalizada lógica de una conexión ininterrumpida como necesidad vital. Con tal sentencia no se trata, bajo ningún concepto, de satanizar el prodigio técnico, pero sí de pensarlo para que él no piense por nosotros.” Su importancia radica en no dejar por fuera los resortes subjetivos que condicionan que los poderes financieros y políticos puedan inmiscuirse en el colectivo para llevárselo puesto. Bibliografía: Roger Koza, “La Estética de la Dispersión” en el sitio web Con los ojos abiertos (2015). https://www.conlosojosabiertos.com/la-estetica-de-la-dispersion/ Éric Sadin, La Vida Espectral. Pensar la era del metaverso y las inteligencias artificiales generativas. Ed. Caja Negra, Buenos Aires (2024).

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UNA PRAGMÁTICA DEL CUERPO- Por Silvia Baudini

Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis AME de la Escuela de la Orientación Lacaniana En nuestra práctica el cuerpo aparece cada vez más implicado en la consulta. “¡Ya no sabemos qué hacer!» escuchamos por parte de padres de hijos adolescentes. ¿Qué lugar hoy para alojar el desvarío de un hijo adolescente? Si “en el extravío de nuestro goce solo el Otro lo sitúa en tanto estamos separados de él.” ¿Entonces qué lugar ocupa el Otro cuando el Otro no existe? ¿Qué regula? E. Laurent da dos modos de regulación: por el espectáculo y por el síntoma: “La regulación por el espectáculo da lugar a la industria del narcisismo, dispositivo en la época de la reproducción de masas de los cuerpos, empalme de los cuerpos con el saber en el lugar del Otro. Nuestra época multiplica las imágenes…pero el sufrimiento de esos cuerpos exhibidos es en vano. El ojo democrático de la cámara no engendra ningún discurso”. Lo que pone en evidencia la soledad del cuerpo en los casos actuales, desarreglos que nada orienta y menos aun la norma universal que deja al sujeto en la vía del pasaje al acto. La angustia se opone al trastorno como lo que no engaña, y orienta al sujeto a lo real lo que se intenta reducir por la vía del espectáculo. Como analistas no buscamos mantenernos a distancia de los excesos de los cuerpos, sino hacer hablar al exceso para que encuentre el cauce de un discurso. La angustia (de castración) para Lacan no se inscribe en el Edipo, no es deudora de la historia, ni del Otro, está en el nivel de la detumescencia del órgano masculino y no responde a ninguna amenaza y permite que surja el objeto como causa sexual irreductible al significante  determinado sino por la separación. “El analista solo opera con la condición de responder a la estructura de lo extraño…sin lo cual todo probaría que, por no acostumbrase el mismo a lo extraño, no sería capaz de perturbar la defensa.” La regulación por el síntoma interroga a cada sujeto por lo que inquieta a su cuerpo, el goce, el síntoma concebido a partir de la efectividad de la práctica analítica. Es lo que permite el giro pragmático de la enseñanza de Lacan orientada por los discursos. El sinthoma como anudamiento posibilita una ganancia de satisfacción, permite que el afecto se enlace. Un sujeto viene a la entrevista diciendo que está de muy mal humor, que venía peleando con su padre por que este le reprochaba que fumaba marihuana, que él no lo vio y no sabe por qué habla, porque lo jode, que le amargó el día. Al cabo de unos minutos de entrevista me interroga acerca de su diagnóstico, si siempre tendrá que tomar medicación, ¿si alguna vez podrá volver a tomar alcohol? Este joven consumía 4 litros de cerveza por noche para poder silenciar los pensamientos que lo atormentaba y así dormir. Le digo: “sí un porrón, que no es un porro grande”. Esto le produce visible alegría, se ríe con complicidad e interrumpo la entrevista. La siguiente vez vuelve más contento, refiriendo estar más tranquilo. El síntoma concebido a partir de la efectividad del psicoanálisis, ganancia de satisfacción apropiada que resuena en el cuerpo vivificándolo, solo a partir de allí el sujeto podrá ligarse con otros en un lazo social humano. Bibliografía

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LACAN Y LA ALETOSFERA – Por Eliana Llanos

Participante del núcleo temático de Incidencia: Cuerpo, soledades y redes sociales. Adherente al CIEC Lacan en el capítulo XI del Seminario 17, llamado «Los surcos de la Aletosfera» dice: que la característica de nuestra ciencia no es que haya introducido un conocimiento del mundo mejor y más extenso. Sino que ha hecho surgir cosas que no existían en el nivel de nuestra percepción. El mundo está poblado por ondas, de radio, de tv, de internet, el celular nos escucha. Se construye una ciencia que ya no tiene que ver con la idea de conocimiento, se construye donde antes no había nada. Entonces crea el neologismo aletosfera que proviene de aleteia que significa verdad y lo une con atmósfera. Vivimos en la aletosfera una atmósfera poblada de objetos que denomina letosas, creados para causar nuestro deseo. Estas letosas, también son un juego de palabras que proviene de lethé, lo que evoca un río mítico, el Leteo, que provocaba en quien bebía de sus aguas un total olvido y ousia que remite al ser, entonces la letosa sería el olvido del ser. Las letosas son objetos que nos rodean que están en la atmósfera y que atraviesan nuestro cuerpo. En este texto Lacan dice que los astronautas cuando llegan a la luna “se las habrían arreglado mucho peor […] si no hubieran estado acompañados todo el rato por ese a minúscula de la voz humana. Por este hecho podían permitirse no decir más que tonterías como por ejemplo que todo iba bien, cuando todo iba mal. Pero qué importa lo importante es que sigan estando en la aletosfera». [1] Quiero hacer zoom en el relato de la llegada del hombre a la luna, en el momento del alunizaje (palabra que se crea a partir de ese momento) Neil Armstrong dice[2]: “Houston…, aquí base Tranquilidad, el Águila ha alunizado.” Las palabras fueron recibidas con gritos, aplausos y alivio en Houston. Eran las 15.17 del 20 de julio de 1969 (16.17 en la Argentina). Con el combustible al límite, y a sólo 40 metros de un gran cráter –que pudo ser esquivado por una maniobra de último momento– el Eagle se había posado en el Mar de la Tranquilidad, una suave llanura volcánica, de cientos de kilómetros, cercana al Ecuador de la Luna. Cuando todo estuvo listo, Armstrong abrió la escotilla, se asomó, encendió una cámara de televisión, y mientras bajaba lentamente la corta escalera, recitó su célebre “un pequeño paso para un hombre, un gigantesco salto para la humanidad”. Bajo un insólito cielo negro con Sol a pleno y estrellas por todas partes (por la falta de atmósfera), el comandante del Apolo 11 dio sus primeros pasos en aquel suelo gris, rocoso y polvoriento, como cubierto de ceniza. El traje no era nada cómodo y además tuvo que adaptarse a la rara experiencia de la débil gravedad lunar que hace que todo en la Luna sea más liviano (un sexto de la gravedad terrestre). Con absoluta espontaneidad, el segundo ser humano que pisó la Luna dijo: “Bonito… bonito…, una magnífica desolación”. Retomando el decir de Lacan en este ejemplo: ¿es la voz humana lo que posibilita arreglárselas mejor respecto de la soledad, del cuerpo? ¿Las redes sociales nos dejan en soledad o son un modo de salir de ella? Podemos pensar en la voz y la mirada como objetos que pululan en la aletosfera, pudiendo el analista proponerse como un objeto también, a usar de otro modo, no como tapón, mercancía, fetiche, sino como causa. Referencias: [1] Lacan Jacques. Seminario 17. Pág. 173 [2] https://planetario.buenosaires.gob.ar/51-anos-de-la-llegada-del-hombre-la-luna

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QUE QUEDE ENTRE NOSOTROS – Por Ignacio Izquierdo

Participante del núcleo de incidencia: Soledades, cuerpo y redes sociales Practicante del psicoanálisis La soledad del goce ¿Cómo incidir en lo político, en la vida en la ciudad, en la subjetividad de la época? Esa es la pregunta que atraviesa el trabajo de los distintos núcleos Zadig y, en particular, el que enmarca este texto y esta experiencia: Soledades, cuerpo y redes sociales. Jacques-Alain Miller, en su escrito La soledad del goce, dice: “La imagen era la de la boca que se besaría a sí misma. En este caso, el objeto es indiferente, no es más que el medio para que la boca se bese a sí misma”. Este empuje a la soledad se hace evidente en muchos aspectos de nuestra época, y es importante poder leerlo. Cuando en Flowers, Miley Cyrus canta: «Puedo comprarme flores, escribir mi nombre en la arena, hablar conmigo durante horas, puedo sacarme a bailar, puedo darme la mano, puedo amarme mejor de lo que vos podés», hace resonar un estribillo como una afirmación de autonomía, siendo también un punto de cierre, un goce solitario que prescinde del Otro. ¿De qué está hecha esa soledad? El cuerpo es la sede de lo que duele y lo que da placer, de los ronroneos y las quemazones, de los orgasmos y los ardores. La sustancia que habita en el propio cuerpo del hombre, y que Freud descubrió como pulsión —y Lacan denominó como goce—, no sirve ni para la reproducción ni para la relación sexual; comienza y termina en el propio cuerpo. Si la pulsión es autoerótica y el objeto es indiferente para satisfacerla, ¿cómo introducir algo más allí? ¿Qué sacaría a alguien de esa autosuficiencia y por qué deberíamos hacerlo? Es aquí donde la incidencia política puede encontrar una formulación. Hoy desenmascaramos aquellos discursos que, en algún momento, mediatizaban las relaciones sociales y las del propio cuerpo, mostrando que en realidad son semblantes. La narrativa del amor, el arte, la educación, son empresas con poco rédito económico; desde la lógica actual ya no producen ganancia ni mejoran la imagen en el espejo, son un mero gasto a recortar. Incidir En las redes sociales el cuerpo parece estar en juego: la cámara frontal que devuelve una imagen del todo deseable, los audios de WhatsApp que se pueden adelantar, el “me gusta” táctil como maniobra de seducción, los seguidores sin cuerpo que prometen un reemplazo a esa soledad radical del cuerpo que se goza. Sin embargo, en los sujetos persiste la angustia. El encuentro que promueven estos recursos no es del todo efectivo, y la cuestión de fondo queda intacta: cada uno solo en el sillón, con su aparato en la mano. Un lapsus de un capitalismo sin inconsciente. La solución no consiste en disfrazar las instituciones o en vivir en desacuerdo con nuestra época. La verdadera clave está en cultivar un arte de la presencia. ¿Podremos encontrar una causa o un placer más modesto, que no esté tan adentro, y que exija salir a dar una vuelta, a cruzar la esquina? Esto es hacer la guerra a lo que es inevitable en nuestro goce: esa soledad que nos respira en la nuca. La soledad se puede volver un síntoma, una oportunidad para cuestionarnos, quizás una entropía que trastorne nuestras semanas masturbatorias y nos invite a pensar. Desde este núcleo, apostamos a una propuesta presencial y artesanal: reunirnos un sábado por la tarde, en medio de la ciudad, con invitados de distintas disciplinas para conversar sobre la trama que enlaza los tres puntos del tema. No fue una mesa redonda académica, sino un dispositivo vivo, un modo de poner a trabajar el discurso, la ciudad y lo político desde la conversación misma. Así aconteció “Que quede entre nosotros”, un contrapunto al saldo postpandémico y a ese ideal virtual que promete estar en “todo, en todas partes, al mismo tiempo” sin tener que vestirse para la ocasión. Lo que puede ser un terreno fértil para nuestra incidencia no es un algoritmo, sino ese buen lapsus, esa brecha en la que la diferencia entre lo que quise decir y lo que dije se vuelva una oportunidad para hablar. Lo que suceda de ahora en más… que quede entre nosotros. Referencias bibliográficas:

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LA FIJACIÓN DE LOS CUERPOS EN LA ERA DIGITAL – Por Fernanda Quiroga Castellano

Participante del Núcleo de incidencia: «Cuerpos, soledades y redes sociales» Practicante del psicoanálisis Magíster en Teoría Psicoanalítica Lacaniana En los encuentros del núcleo sobre “Cuerpos, soledades y redes sociales”, trabajamos, entre otras, la idea que propone Sadin respecto a la fijación de los cuerpos. Se parte de una confusión actual entre los flujos de la vida y los flujos digitales, para preguntarnos por el cuerpo que peca de intermediario ante el uso tecnológico. Desde el dedo que hace el click y el ojo que capta las imágenes, hasta la espalda, piernas y brazos que adoptan una postura frente a lo que se consume a través de las pantallas, se arma una predisposición corporal que se acomodaría a lo digital, llegando incluso a hacerse su extensión. Pero ¿estamos ante la ilusión de una fusión? Existe una cercanía física con el objeto, en la que sin embargo late una separación fundamental. Lo vemos por ejemplo en los cuerpos que rechazan un implante, un “eso falla” que insiste. El autor va a hablar de un “fenómeno de circulación” más que de una incorporación de la técnica al cuerpo. Es una circulación paradójica, ya que es lo infinito de un movimiento que propicia a su vez una quietud, una dependencia: el objeto tecnológico no podría vivir sin el sostén que le brinda nuestro cuerpo, ¿y viceversa? Dice Sadin: “es la era del integralitarismo digital. Es decir, el hecho de ver, en un registro cada vez más variado de campos, el curso de nuestra vida cotidiana perfectamente balizado” [I]. Se advierte entonces un uso de balizas como forma de detención, de fijación de los cuerpos, quizás como un intento artificial de domesticación de la pulsión. En esta línea, pareciera que mientras más hacemos cuerpo con la técnica, más imposibilitado se ve nuestro movimiento. No obstante, ello no quiere decir que no haya efectos, ya que reconocemos que el cuerpo queda afectado, y que, si bien hay una injerencia de las plataformas en los vínculos en general, aparecen resonancias singulares en la relación con el propio cuerpo. Frente a esta especie de sedentarismo, no hay dudas que cuando se está conectado, se lo está con el cuerpo. Por ende, el desafío para el psicoanálisis tal vez sea sintomatizar la conectividad y el uso de las redes, como un modo de experimentar, cada vez y en la medida de lo posible, un cuerpo sin tanta desconexión. [I] Sadin, E. La vida espectral. Pensar la era del metaverso y las inteligencias artificiales generativas. Ed: Caja negra (2024:23).

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EN ESTA CASA NO HABRÁ TV- por Marcelo Casarin

Escritor Dr. en Letras Modernas (UNC) Director del Centro de Estudios Avanzados (CEA) Cuento leído por el autor en la actividad Que quede entre nosotros, el día 27 de septiembre del 2025 en el Centro Cultural La casa de Pepino (Ciudad de Córdoba). Fue llevada acabo por el núcleo temático de Incidencia: Cuerpo, soledades y redes sociales a cargo de José Vidal. Cuento publicado en https://www.tierramedia.com.ar/l/en-esta-casa-no-habra-tv/

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LAS REDES SOCIALES Y LA CONECTIVIDAD- Por Graciela Ruiz

Participante del núcleo temático de incidencia: Cuerpos, soledades y redes sociales. Miembro de la EOL y la AMP “Hace 15 años, internet nos sacaba del mundo real. Ahora el mundo real nos saca de internet” [i] La hiperconectividad se califica rápidamente como una adicción pero razonablemente se dice “la tecnología no es una droga”[ii]. Nuestras vidas están tan atravesadas por la conectividad que valorar como adictivo su uso no aporta nada, solamente la sanción moral y una aspiración imposible de realizar: “aléjense de las redes” Pero, no se puede negar que existe una “pegajosidad”[iii] de la que no es fácil escapar. ¿Qué es lo que produce esa adherencia, esa tendencia a permanecer conectados? ¿Cuál es la causa? No es una sola. Partamos del reconocimiento de que las redes sociales se vuelven idénticas a “lo social”. Por el aburrimiento, la soledad y el interés de salir de nuestra propia realidad nos entregamos a que el espacio “tecno social” nos sorprenda. Es una entrega sin riesgos, anónima, manejada a discreción, sin otros cuerpos en dimensión real, internet es un espacio donde reina la impunidad. Una vez conectados se desata el frenesí metonímico, siempre hay algo más por ver. No hay punto de capitón. Finalmente lo que queda es el sentimiento de pérdida, esencialmente de tiempo. La conexión puede definirse como “un distanciamiento de corto plazo de la inmediatez circundante durante el cual el contacto con la realidad se difumina”[iv] y hay un repliegue posible en la fantasía. El algoritmo nos devuelve nuestro propio mensaje en forma invertida, aunque no se trate de un mensaje articulado por el lenguaje de manera explícita. Los datos que el algoritmo ordena dependen de un procedimiento constante atento a cualquier movimiento, cualquier acto, clic o deslizamiento. Los datos no se producen conscientemente.   Cuando Malena Pichot es interrogada sobre su maternidad, relata que su algoritmo insistía con enviarle monitos vestidos, ante lo cual un amigo le dice, vos querés tener un chico. Y así fue. Una sujeto comenta que el algoritmo le hace ver todas las escenas de películas en las cuales la mujer descubre a su marido con otra mujer, no puede ignorar el goce en la humillación y en la venganza que para ella originan esas escenas. Una forma sutil del goce autoerótico del objeto técnico.[v] El algoritmo da a ver el deseo, da a ver el fantasma, da a ver la ideología, da a ver la modalidad propia de goce. Hace 15 años internet nos sacaba del mundo real, ofrecía un acceso democratizado transversal que ingenuamente creímos como una verdadera revolución. Lejos de eso se acentuaron más las jerarquías, el poder se concentró y para peor ya no es ubicable. El Otro no existe pero “hay Otro que funciona regido por la Técnica y el Capital y que ha alcanzado un orden capaz de subsumir a los cuerpos y a las subjetividades en la forma de mercancía”[vi] Más allá de las descripciones generales en torno a los efectos de la conectividad a las redes solo podemos alcanzar nuestro verdadero interés en la singularidad de su uso de acuerdo al pathos del sujeto. [i] Lovink Geert “Tristes por diseño” Editorial Consonni pág 65 [ii] Op. cit. Pág 17 [iii] Op. cit Pág. 51 [iv] En .wikipedia.org/wiki/Daydream. Citado por Lovink Geert Pág.74 [v] Alemán Jorge. Soledad: Comun NED Ediciones. Pág 45 [vi] Op. cit Pág.46

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¿QUÉ SIGNIFICA NO QUERER DESEAR?- por Pablo Godoy Quiroga

Participante del núcleo temático de incidencia: Cuerpos, soledades y redes sociales Practicante del Psicoanálisis en Córdoba El filósofo italiano ‘Bifo’ Berardi señala que en el modo de vida actual asistimos a una expansión enorme del campo de la estimulación y una aceleración del ritmo del deseo[i]. Escuchamos, cada vez más, a pacientes que declaran no poder parar: claro ejemplo en el terreno de las Toxicomanías, pero también en sujetos cuyos síntomas manifiestan la incapacidad para desligarse del trabajo, poner freno al pensamiento o conciliar el sueño sin la ayuda de medicamentos (o incluso con ellos). En este sentido, Fisher, nos acerca el concepto de “hedonia depresiva” definiendola como la incapacidad para hacer cualquier cosa que no sea la búsqueda del placer[ii], allí siempre queda la sensación de que efectivamente algo más hace falta, creandose una impotencia que se experimenta en un no-poder-parar. Presenciamos el malestar fundado en un no poder parar y la imposibilidad de dejar de hacer, de producir, de movilizarse, de medicarse o pensar[iii]. Se hace cada vez más, pero lo que se profundiza son las frustraciones e insatisfacciones en el trabajo, en los vínculos y en el lazo social en general. El terror, toma los cuerpos en su cara depresiva de la mano de la impotencia y en su vertiente maníaca al no consentir parar. Presencia de un cuerpo aterrorizado por el miedo a frenar, como si el hecho de que el cuerpo pare de producir o de hacer implicase un detenimiento de la vida. De este modo, el malestar no desaparece pero se disimula en la metonimia del no-poder-parar-de-hacer. Hay algo que no marcha, pero se está imposibilitado a responder y actuar de modo diferente. ¿Cómo maniobrar con las respuestas del sujeto en este estado actual de la clínica? Aquí, la enseñanza de Lacan toma toda su relevancia, pues como expresa Laurent[iv], su interrogación a este malestar y a la dificultad moderna con el goce hace valer la respuesta del discurso analítico. Primero, porque es una respuesta que sigue siendo novedosa frente a la tendencia actual de todos los discursos por querer ocupar el lugar de la verdad y denunciar la posición fake del otro, como señala Dupont[v]. En esa línea el analista, al decir de Lacan[vi], se priva —o lo intenta— del poder que da el lugar de Otro. Desistir, en acto, a ocuparlo reintroduce al sujeto en el discurso de la falta de goce estructural y provoca un deseo no orientado por objetos plus de goce que prometen la solución al malestar. ¿No invita esta posición a los analistas a hablar un poco más? Sin dudas, hay algo para decir. Hablar a otros o con otros no siempre es colocarse en posición de saber. ¿Se corre el riesgo? Si, pero como en la clínica. Allí también se habla para interrogar al sujeto: ¿Es este un modo de vida posible? ¿Es ese un estilo de vida al que vale la pena aferrarse? Hay que interpelar a ese discurso, explorar una dialectización posible. Y es, justamente, en el encuentro con un analista que este intentará, cada vez, encarnar una posición de vacío —un vacío de goce— donde el discurso del todo pueda encontrar, quizás por primera vez, un intersticio que invite a parar, no sin angustia ni terror. Es en este punto que podemos ensayar un respuesta a la pregunta del título, si el terror es a no-poder-parar esto quiere decir que hay un terror a toparse con la propia falta y el sujeto sabe que no querer desear encierra en sí mismo aquello que no tiene revés y que al ser recorrido se regresa a ese lugar que constituye lo que supuestamente debería ser otra cara[vii].  Por lo tanto, si no querer desear es querer no desear[viii] encontramos ahí el forzamiento que hace a la respuesta del sujeto y sobre la cual es posible incidir, allí es citado el analista a conmover ese discurso arraigado del sujeto. De este modo, estaremos quizás, un poco más cerca de que algo del propio deseo del sujeto pueda comenzar a bordearse o al menos que la frustración sea la del sujeto por su implicación en los embrollos del ser hablante con su propio deseo. La invitación es a indagar como el analista puede, en cada caso, ocupar el lugar de vacío entre el sujeto y los objetos plus de goce. [i]       Berardi, F., “Entrevista a Bifo: “Las redes sociales, postergación infinita del placer erótico” en https://lobosuelto.com/entrevista-a-bifo-las-redes-sociales-postergacion-infinita-del-placer-erotico/ [ii]      Fisher, M., “Realismo capitalista: ¿No hay alternativa?”, Caja Negra, p.50, [iii]     Guggiari, S., “Cuerpos y mentes aterrorizadas por los cambios económico y políticos” en https://www.pagina12.com.ar/729811-cuerpos-y-mentes-aterrorizadas-por-los-cambios-economico-y-p [iv]     Laurent, E., “Lacan y los discursos”, Manantial, p.15. [v]  Dupont, L., “La dominación de la verdad”, Conferencia, XVI Seminario Internacional del CIEC, Córdoba, 2025. [vi]     Lacan, J., “La dirección de la cura y los principios de su poder”, en Escritos 2, Siglo XXI, 2014 p.570 [vii]    Lacan, J., “El Seminario, Libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del Psicoanálisis”. Paidós, Bs. As. 2010, pp. 242-243. [viii]   Ibid., p. 243.

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CUERPOS HABLANTES, POLISEGREGACIÓN, LOS GUETOS CONTEMPORÁNEOS

                                                                            La imágen es del artista Sebastián Pastorino Conservo en mi memoria mi primera visita a Israel hace ya más de 30 años atrás. En esa oportunidad habíamos alquilado un dpto. para quedarnos por el tiempo que duraría nuestra estadía. Al lado vivía una señora cuya edad era indefinida. Un día en que fuimos a solicitarle una información y como mi madre hablaba Yiddish única lengua posible con esta señora, tocamos en su puerta y creo que la sorprendimos en las tareas de la casa, sus mangas se encontraban arremangadas. Mi mirada voló hacia su brazo donde se encontraba el número grabado. Fue un instante, el instante de ver, su mirada siguió la mía, levantamos los ojos en el mismo momento, nos miramos, ninguna de las dos habló. El tiempo de comprender duró los segundos de las miradas. No había nada para decir. Ella supo que yo sabía. Tiempo de concluir. A medida que la conversación proseguía, lenta y disimuladamente bajaba la manga de su pullover. Cuántos libros había leído sobre el Holocausto?  no lo recuerdo. Sin embargo ese número era más de todo lo leído. Estaba allí un cuerpo marcado para toda la vida, un número que señalaba con indiscutible precisión su sufrimiento, su pasaje por algún gueto, el campo de concentración, las máquinas de la muerte de las cuales, de alguna manera había sobrevivido. La conclusión de que un Otro había planificado, precisado, sistematizado este cruel y brutal acontecimiento inédito y no-contingente dentro de la pretendida llamada humanidad. El problema judío se convirtió prontamente en la Solución final. Era el espejo hegeliano “nosotros” o “ellos”. Imposible realizar la más mínima comparación. Ninguna segregación ha tenido, ni tendrá jamás los ribetes del Holocausto. LAS MÚLTIPLES SEGREGACIONES  Después de un año de estar en una inédita situación en el mundo a raíz de un real que se nos ha impuesto, el covid-19, éste ha cambiado. Algunos aún esperan que de aquí surja un “hombre nuevo”,  que existan “nuevas normalidades” expresión que me produce un malestar profundo puesto que parece que vivíamos en una “normalidad” aparentemente aceptada. Vivíamos un “eso marcha”. Una sociedad antigua e inmóvil. Una aceptación de que el mundo era inmutablemente así y que atravesados por esta pandemia, habríamos “entendido”, vaya uno a saber qué, la fantasía de que seríamos “mejores”, cuando ahora es otra igual y caprichosamente desigual. Las segregaciones se han multiplicado. Lo que antes era una cuestión étnica o religiosa abarca hoy, segregaciones que van desde los géneros, las raciales, religiosas, políticas, las franjas etarias, los sintomáticos, los asintomáticos, los pobres, inmigrantes, refugiados, parias y así podríamos seguir agregando categorías. Dentro de nuestra “hiper civilización”[1] el espectro es  muy amplio. Los objetos de desecho del mundo se amplían. Nos olvidamos que lo real es sin ley que no se domeña. Distintos eventos surgidos como consecuencia de este hecho absolutamente contingente y sin Otro. Un innegable hecho científico puesto que sólo la ciencia podría poner fin a esta situación. Y subrayo lo de “sin Otro” del no hay quien haya planeado diezmar la población mundial o asesinarla e inventar un método para ello. Los cuerpos comprometidos, vulnerables, expresión de Judith Butler que significa que lo común se convierte en la ausencia de lo común.  Cuerpos sufrientes pero también hablantes, hoy sometidos a la incertidumbre. Aislados sin que nadie se pregunte por la angustia que los abraza. En el hombre el cuerpo habla, porque tiene un cuerpo se rebela, grita, pelea por sus derechos, los derechos del hombre que tan finamente Jean Claude Milner[2] separa de los derechos del ciudadano. Los derechos del hombre, es un para –todos-iguales. Un derecho a sobrellevar, en estos tiempos inéditos, con dignidad, a reclamar un ex –sisto!! “Hacer una demanda con el cuerpo, una reivindicación corporal en el espacio público y una demanda pública a los poderes políticos”[3]Por ende se entrevé lo real de los derechos. Los derechos del cuerpo examinando lo que le ocurre cuando les son negados a los individuos.[4] LOS GUETOS El término proviene del barrio judío de Venecia, establecido en 1516.  Durante la supremacía nazi, los guetos eran distritos urbanos cerrados donde obligaban a vivir a centenares de personas hacinadas. Con un distintivo, la estrella judía en amarillo, que ya había sido establecido por primera vez con la Reina Isabel La Católica para diferenciar los judíos con un listón bordó, bajo la insistencia de la Iglesia Católica, que se consideraba la verdadera y única religión. En el siglo XX los guetos establecidos por los nazis, consideraban que, los “residuos humanos” debían convivir  con una policía adentro y otra policía afuera más un consejo que dirigía y también establecía quienes serían llevados a los campos de exterminio.  Bauman,[5] nos habla de otra modalidad absolutamente diferente de aquellos horrorosos guetos cuyo final programado era la muerte. Para él hoy existen guetos voluntarios, guetos involuntarios y me atrevo a agregar una tercera categoría los guetos invisibles que pueden ser tanto voluntarios como involuntarios. Los primeros  aquellos que recurren a los barrios cerrados para que todo lo que no quieren ver quede por fuera, burbujas de aparente seguridad. No se consigue evitar lo paradojal, es decir donde lo familiar se torna finalmente siniestro.   Después están los involuntarios, los campos de refugiados padecidos por los emigrantes sobre todo. Los centros de aislamiento que, por la pandemia, proliferan con una cuarentena que va más allá de lo aceptable. Cuerpos encerrados y parlantes. Esta contingencia en lo real ha despertado como correlato, el tomar medidas autoritarias por parte de los gobiernos y por ende ha generado los guetos invisibles. Fronteras cerradas, fronteras nuevas.  Conjuntos A y no-A. El “resto” se confunde también allí. Quien es el “resto” ahora.? Se difuma. Son invisibles.  Las vallas internas y externas señalan ambos lados. Quien está afuera, quién adentro? Acaso ésta es la “nueva normalidad” de la que se habla?. Hay un nuevo “nosotros “y “ellos”.? Jorge Cafrune cantaba: “estamos prisioneros carcelero, yo de estos torpes barrotes, tú de miedo.”[6] Rosa Edith Yurevich Psicoanalista en Córdoba.

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