Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis
AME de la Escuela de la Orientación Lacaniana
Ya estamos ahí. El domingo se decide si los próximos cuatro años en nuestro país se regirán por una vida democrática o por un totalitarismo brutal, donde las palabras perderán su sentido social y pasarán a ser armas mortales.
No estamos frente a la grieta sino a un abismo, el abismo de “cada quien para sí mismo”.
Sin regulación el imperativo del superyó tomará el mando. El “mercado”, significante supremo, sin el velo de las verdades mentirosas, ejercerá una presión voraz sobre cada uno.
Los jóvenes saben hoy que no hay ninguna tradición que ampare y sobre la cual descansar, desilusionados y con razones escucharon hasta el hartazgo la voz cruda que dice la Verdad, una que puede decirse toda. Recuerdo aquí a Lacan en su texto Televisión, aún no había redes sociales, cuando dice que decir toda la verdad es imposible. ¿Pero qué pasa cuando ese imposible es vulnerado? Es el horror, mucho peor que el miedo.
Por eso esa Verdad es terrible, pero a la vez es hipnótica. ¿Cómo salir de ese efecto de posesión? ¿Cómo no quedar aturdido y siervo de esa masacre verbal? ¿Cómo no identificarse con lo peor? ¿Cómo hacer que el otro vea lo que no ve?
Los analistas nos formamos en un saber que se mide por sus consecuencias, y estas no pueden anticiparse. Pero sí puede hacerse un cálculo cuando se trata de un discurso . La gran ilusión que fomenta el discurso libertario no es el “problema” de los derechos. Un joven decía recientemente en un video viral que la falta de cloacas o de agua corriente daba cuenta de que no tenía ningún derecho que perder. La cuestión no es solo la perdida de derechos sino la ilusión de que ya no habrá deberes. Se trata de un recreo perpetuo. Sin padres, sin maestros, sin jefes, sin Otro de ninguna naturaleza…humana.
No tener cloacas o agua corriente no es idéntico a no tener derechos. El discurso libertario hace equivaler la pobreza a un asunto de culpabilidad: si sos pobre es porque querés o porque te gusta, porque no sos gente de bien.
Si la libertad avanza dejará a su paso un tendal. Es una verdad horrible que es difícil de pronunciar, porque para lo humano la verdad no puede decirse toda, y eso para todo ser hablante.