Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis
AME de la Escuela de la Orientación Lacaniana
Lo real puede muy bien desbocarse, cito a Lacan en La Tercera. Lo cito porque asistimos a un momento donde la palabra pierde su valor de intercambio. ¿Qué función tiene entonces? Ya no sirve para armar lazo entre los hombres, para discutir, son objetos arrojados al rostro. Sin ton ni son. Fuera de sentido. La palabra pierde su valor de semblante, su dignidad de discurso. El discurso es lo que hace lazo entre los seres hablantes, hay cuatro que Lacan formuló.
¿Qué escuchamos hoy desde el lugar del poder gubernamental? Injurias, chicanas, frases sueltas, estribillos. Nada de eso permite al otro responder, solo puede quedar aplastado en su ser.
La injuria es una palabra última, el otro queda convertido en víctima, víctima de la injuria.
La chicana no espera respuesta agrede y humilla.
La frase suelta, se suelta de la cadena significante, y llama a un esfuerzo de réplica autista.
El estribillo es una reiteración ociosa y petulante que desconoce la humanidad.
Cuando la palabra se desboca, se hace real y llama al caos, al barullo, al desorden, al desconcierto, a la incertidumbre, al miedo, a la vergüenza, a la indignidad.
¿Como apelar al coraje? ¿Como hacerle la contra? Lacan dice que el analista en los próximos años dependerá de lo real, y no lo contrario, y que su misión es hacerle la contra.
Entiendo hacerle la contra poniendo en juego un discurso, el discurso analítico, incidir a partir del psicoanálisis en lo social. Sostener sin miedo el discurso del que somos deudores, sin caer en juicios partidistas. Pero no sin emitir un juicio sobre lo que se lleva por delante la legalidad del lenguaje. Hablar es poner de sí, poner el cuerpo. Hablar es tomar partido por la vida de las palabras.
El estado no es un proveedor es quien permite que los hombres y las mujeres, los ciudadanos de un país puedan convivir. Para ello se da sus métodos, que son mas o menos falibles, pero que no pueden anularse.
La ausencia del estado en la vida ciudadana es peligrosa, dañina, caótica.
Ni débiles asistidos ni objetos de consumo segregados. Ciudadanos dignos de ser escuchados.
La libertad sin ley es la locura. Hacia allí avanza.