CAMBIO Y LIBERTAD: ¿SIGNIFICANTE DEL DESEO O VOLUNTAD DE GOCE?

Verónica Berenstein*

Si hay algo que los sujetos desean es un cambio y ser más libres.

Es lo que se suele demandar en las primeras entrevistas. Cambiar de pareja, de manera de amar, cambiar de trabajo, de casa, de país…Una lista infinita y eterna, en continua transformación, que nos asegura el movimiento de desear. Siempre queremos otra cosa.

Este significante astutamente apropiado y privatizado, sirvió a las ideologías de derecha como reemplazo o metáfora de ajuste, endeudamiento, exclusión social, represión, etc, etc. Hablar de cambio es más elegante y permite no entrar en definiciones antipáticas.

El cambio sirve para todo y para todos.

El éxito de la apropiación de este término es que cada uno, en la época de la proliferación de imágenes y labilidad de las palabras, puede colocar allí lo que quiere. Entonces, este significante, ya no representa nada para nadie, sino que esconde y camufla lo que realmente implica; el poder está oculto, coyuntura propia del Pseudodiscurso Capitalista. No se ve dónde están las riendas del poder, por lo cual, es imposible rebelarse ante él.

Escuchando adolescentes y jóvenes, me pregunto por qué tantos – a predominio de varones de 20/21 años- están tan entusiasmados y convencidos de votar a alguno de los dos partidos de derecha, que con diferencias de forma (uno más desquiciado, la otra con un semblante más armado) están sostenidos por el mismo poder, que permanece en segundo plano.

Argumentan que les gusta la forma que dice las cosas, los ojos, cómo grita, que no es político, que va a generar un cambio. Ven un ser impoluto y ahistórico, que propone la pulcritud del cambio, la esterilidad de la imagen y ninguna atadura. Gozar sin límite y sin nadie que moleste.

No saben exactamente las medidas que va a tomar, porque allí Milei balbucea. Pero con la imagen, la voz y la violencia sobre los otros (MILEI Y BULLRICH PROPONEN LIBERTAD DE PORTAR ARMAS) creen que van a ser como ellos: exitosos sin ataduras a otros, sin Otro, con méritos desligados de su entorno y libres de gozar de su libertad individual. Libres de eliminar al adversario, libres de pagar impuestos, libres de su palabra. Fortalece la ilusión de un YO sin ataduras ni determinaciones que quiere gozar libremente.

Lacan, en el Seminario 3 se refiere al “Discurso de la Libertad” situándolo como un “problema descorazonador” que “afirma la independencia del individuo”, su “autonomía irreductible” y lo define como un “discurso delirante”.

Acaso a los psicoanalistas nos toque, una vez más, ubicarnos como el revés del discurso imperante. Resituar al sujeto en su relación con los otros, recordar las ataduras ineliminables de todo humano que está “sujeto” a su historia, a su deseo singular, a sus decisiones y a sus proyectos. A sus palabras y al lenguaje.

Recordar que no hay sujeto sin Otro. 

* Verónica Berenstein es psicoanalista en Buenos Aires. Miembro de la Asociación mundial de Psicoanálisis. Miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana.

Fotografía seleccionada por el editor del blog. Fuente: pinterest

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