María Teresa Andruetto
Escritora de Córdoba, Argentina
Reconocida, entre otros premios, con el Hans Christian Andersen
Era el subsuelo de la patria sublevado… que asomaba, como asoman las épocas pretéritas de la tierra en la conmoción del terremoto.
La frase emblemática de Scalabrini Ortiz vuelve y vuelve. También lo que ha pasado en estos días es el subsuelo de la patria que a su modo se subleva, aunque no podamos todavía comprender en qué consiste esa sublevación, incluso si las causas no han podido ser nombradas por su nombre.
El subsuelo de la patria espera un sueño, pero ese sueño hace ya tiempo que ha dejado de soñarnos. Los que creemos saber lo que otros no saben, porque no tienen memoria como nosotros la tenemos, puede que tengan para darnos otras memorias, otros relatos de sus días y sus noches, otros dolores, necesidades y carencias. Queremos comprender, claro, y en ese intento queremos enseñar a otros cómo sentir y pensar por fuera de sus experiencias. Quizás si escucháramos en lugar de enojarnos, podríamos entender algunas razones (porque hay razones), para intentar un destino común.
El sufrimiento tiene el número de teléfono de todos, dice el escritor James Baldwin en su ensayo Nadie sabe mi nombre. En una entrevista que le hacen en 1963, dice eso: El sufrimiento tiene el número de teléfono de todos. Sin embargo, el sufrimiento en este país ha sido negado. Luther King cree verdaderamente en la no violencia, ha pasado por Dios sabe qué clase de infiernos para despertar la conciencia del país, pero se ha quedado sin soga. Él no puede resolver por sí solo el problema central de la nación. Hay mucha gente, mucha gente negra quiero decir, que ya no lo escucha. A lo largo de la entrevista habla de una sociedad que condena la violencia solo si esa violencia está en manos de un negro, un pobre, un marginado, el país se interesa por la no violencia si le parece que yo me voy a poner violento, dice, pero no se preocupa por la violencia si el violento es un sheriff de Alabama, que es como decir en nuestros pagos, que no se preocupa por la violencia si la violencia la ejerce un fiscal que valida pruebas falsas o un supremo juez de la nación que no atiende los clamores que frente a su puerta hace una comunidad originaria o un empresario que cierra el paso a un lago que es de todos.
¿Cómo ves el futuro del negro? pregunta el entrevistador. El futuro del negro es el futuro de la nación, contesta Baldwin. Son indisolubles. Frente a esto que pasa no puedo ser pesimista porque estoy vivo. Ser pesimista significaría considerar que la vida humana es un asunto académico, así que estoy forzado a ser optimista, forzado a creer que podemos sobrevivir a cualquier cosa que haya que sobrevivir. Pero el negro en este país, el futuro del negro, es tan brillante o tan oscuro como el futuro de este país. Depende de si se va a encarar o no, a abrazar o no, a este desconocido al que se ha tratado tan mal durante tanto tiempo. Lo que la gente blanca tiene que hacer es tratar de encontrar en sus propios corazones por qué fue necesario tener un negro. Porque yo no soy un negro, yo soy un hombre. La pregunta que la población tiene que hacerse es preguntarse por qué necesitaron crear al negro. El futuro de este país depende de eso, de si la población es capaz de hacerse esa pregunta, si tenemos como país la fuerza para mirarnos a la cara y respondernos.
Escuchándolo, me pareció que estaba hablando también de nosotros. La entrevista que le hace el Dr Clark es de 1963, hoy sabemos que la sociedad norteamericana no supo hacerse esa pregunta con los consecuentes resultados de inequidad y de violencia. Y entonces vuelvo hacia nosotros la pregunta de Baldwin, ¿Tendremos la convicción necesaria para hacernos esa pregunta y decidir en consecuencia quienes mejor nos representen?
Fotografía seleccionada por el editor del blog.