Al grito, decir que no -Luz Camozzi

                                                                                               

              

Adherente del CIEC – Participante del Nudo La Patria del Sinthoma

¿La distopía puede gobernar? O estamos en algún capítulo de la famosa serie de Springfield…

Sigmund Freud plantea tres imposibles: gobernar, educar y psicoanalizar. Releyendo estos imposibles sólo desde ahí se esboza una idea: El imposible freudiano avizora un golpe de dados, no la omnipotencia del grito que agita multitudes, y se identifican al odio.

Como dice Ariana Harwicz toda pedagogía es un fracaso, porque: ¿qué puede hacer la racionalidad frente a la pasión? Odiar lo que se pensó como política, odiar lo viejo en pos de lo nuevo, sin saber qué es lo nuevo, como figura, como catarsis, como seguridad psíquica frente a la angustia, es una pasión que cohesiona y estructura la sociedad, que reagrupa, aunque suene grotesco.

¿Podríamos contentarnos con esa imposición omnipotente del grito? ¡NO! Decir que no, a eso. Para abordar lo real, es preciso pasar por el litoral de los imposibles. Es lo que sucede también con el síntoma, abordado por los semblantes. La distopía bizarra que conocemos es un orden disperso con las paradojas del Superyo. Desde la práctica del psicoanálisis solo seremos guardianes de la contingencia, y de aquello que cada uno apueste, desde lo imposible pero que habilite una ciudad bajo el cielo de la democracia.

Fotografía seleccionada por el editor del blog

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