Psicoanalista en Buenos Aires
Miembro de la Asociación mundial de Psicoanálisis
Miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana
De nuevo, desde el inicio de estas elecciones eternas, y estimo que así será por los próximos años, experimentamos lo inexorable de la repetición en sus versiones más siniestras.
Voy a referirme aquí a una, la que atañe a este foro, que es la insuficiencia de las categorías conocidas para explicar la catástrofe. Ni los conceptos de nuestra teoría ni los de nuestra triste historia política. Ni la freudiana pulsión de muerte, ni los dioses oscuros de Lacan, mucho menos la falaz teoría de los dos demonios, explican el escenario que enfrentamos.
Sin embargo, el ejercicio de intentar comprender es una ética que nos concierne. Quizá se trata, como en la práctica, de perforar el concepto, manipularlo, deformarlo para hacerlo decir un poco mejor lo que no cesa de no escribirse, pero también, lo que irrumpe como acontecimiento inédito.
Tras las PASO ensayé una operación de ese orden en este mismo foro, injertándole al viejísimo concepto de hipnosis la hipótesis del algoritmo como mecanismo que impide el retorno del propio mensaje en forma invertida, alimentando así, de modo incesante, la insensatez y el aislamiento del goce.
Hoy descubro en Twitter una cuenta abierta en la víspera dedicada a recopilar y replicar los tweets de votantes de Milei arrepentidos. Quedé estupefacta: A DOS DIAS de la elección más significativa desde el retorno de la democracia, son muchos los que ayer, tras escuchar al presidente electo anunciar lo mismo que dijo una y mil veces en su campaña, se sorprenden y despiertan azorados al entender, por fin, el perjuicio enorme que se cierne sobre sus propias vidas.
Tras las PASO recordé también la inquietud que me producía, cuando era pequeña, el “cuarto oscuro”. Ideado para contrarrestar el voto cantado y sus abusos, el término, por efecto de la polisemia significante, permite escuchar otros sentidos. Para los analistas no vale alegar mero costumbrismo, en España se le dice “cabina de votación”, en Uruguay, “cuarto secreto”. Aquí le llamamos así, cuarto oscuro…
Y entonces hoy, entre ese recuerdo y los tweets arrepentidos, se me impuso la siguiente hipótesis: el pasaje al acto es ese momento sin pensamiento, en el que el sujeto, en su furia desesperada, se deja caer de la escena, como objeto desecho.
Oscuro es el cuarto en el que, a solas, el sujeto puede consumarlo, sólo para despertar a su peor pesadilla.
Resta por intentar ubicar, estrictamente desde la lógica que nos ocupa, cuál fue el entramado de significantes bombardeado sobre tantísimos sujetos para empujarlos a lo peor.
*Fotografía seleccionada por el editor del blog