Psicoanalista en Buenos Aires. Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis. AME de la Escuela de la Orientación Lacaniana
En coincidencia con el tema de nuestro próximo Congreso AMP, en el terreno político se ha puesto sobre la mesa el debate sobre la Locura y la propuesta de que los candidatos sean sometidos a un psicotécnico que evalúe su capacidad o no para aspirar al máximo cargo de conducción del país.
No es necesario hacer la lista de los fenómenos, -no discretos sino expuestos-, que generan dudas sobre uno de ellos en particular. Algunos ciudadanos, identificándose como psicoanalistas, han tomado a uno de los candidatos como un caso, y arriesgan inclusive un diagnóstico.
La afirmación universal Todo el mundo es loco, es decir delirante, proferida por Lacan hacia el final de su enseñanza, no excluye el estudio de las formas de delirio particulares.
Dar sentido a lo que no lo tiene ya es delirar. Sea del tenor que fuere, – mitológico, edípico, religioso, y por qué no científico o político-, desde esta perspectiva, el delirio es generalizado.
Las subjetividades son atrapadas por la in-creencia o la certeza.
En cualquier caso, el Amor –que haría al Goce condescender al deseo- está en déficit.
¿Cómo no percibir el eco de estas cuestiones en nuestras sociedades?
Las religiones tradicionales vienen fracasando a la hora de influir para que sus fieles lleven sus principios a la práctica. O ésta se reduce a los rituales, sin trascender a las instituciones -familiares y sociales-. Los líderes religiosos caen bajo sospecha de servir a intereses políticos. Su palabra, como mensajeros del Dios que no habla, es degradada. Y cuando los dioses se tornan absolutos y quedan en silencio, aparecen otros afectos. Formas de amor -muerto, mezquino, egoísta, narcisista, etc.
Al mismo tiempo, es posible despertar el odio, la certeza en la malignidad del otro. Odio que proviene del rechazo primitivo que el yo segrega hacia el exterior, lo ajeno y el desconocimiento característico de su formación, hace ignorar que eso ajeno está en el interior del ser y que el odio a lo otro es, a la vez, odio a sí mismo.
Es la base sobre la cual se montan ciertas formas actuales de discurso político con retornos más feroces del discurso del amo y surgimiento de nuevos Dioses que destilan su locura segregativa.
No deja de sorprender que hoy “la cosa” se diga sin velo, derramando la baba de su lengua, de arriba hacia abajo. La tontería o la canallada resultan especialmente promovidas. Los desorientados son orientados por los algoritmos.
Hay delirios y delirios.
Sabemos que nuestra práctica del uno por uno, –como anunciaba Freud- no alcanza a constituir una respuesta sobre el malestar en la civilización. El discurso del psicoanálisis, fuera del dispositivo, puede proveer una lectura que anticipe los signos de los delirios que atentan contra la convivencia democrática y -por ende, contra la posibilidad de su práctica.
¿Frente a esta demanda concreta lanzada en la arena política, como se situará entonces el psicoanálisis de la orientación lacaniana? Psicotécnico ¿si o no? ¿Qué herramientas en su lugar?. No sabemos si tales propuestas llegarán al Congreso, pero anticiparse implica que una red de incidencia política se amplíe y no retroceda en tomar el guante.
Fotografía seleccionada por el editor del blog.