Indóciles frente al Amo

Gabriel Ghenadenik

Psicoanalista en CABA.
Ex-miembro de LCA revista del ICdeBA
Colaborador del instituto clínico

¡Viva la libertad carajo!, grita Milei a voz en cuello. Sus diatribas encendidas fascinan y horrorizan por igual a unos y a otros, nadie queda indiferente. El despeinado personaje farfulla sus significantes contradictorios que proponen como valor supremo una libertad regida por la dictadura de un Otro reificado: el “mercado”.

El mensaje llega por TikTok, plataforma perfecta para la propaganda política y la publicidad adictiva, que se mete como un virus por los ojos y los oídos, sin contexto ni historia. El “peluca” lanza su enardecido parloteo que combina explicaciones eruditas con frases simples y directas en un tono infamante. Despotrica contra «la casta” —de la que asegura no formar parte— y promete una solución tan radical como delirante para los problemas que atraviesa el país.

Su decir exaltado encanta a pibes y pibas, desengañados ya de tanto discurso mentiroso. Porque hay que decirlo, el tipo se muestra y habla de un modo diferente al resto. Ninguno de los políticos les hablaron así jamás.

Frente a este fenómeno que parece imparable, me pregunto cómo respondemos desde el psicoanálisis. Si me baso en mi experiencia, primero con perplejidad y angustia. Pero luego, como la mayoría de los analistas que conozco, haciendo lo que sabemos hacer: sostener en acto el único discurso que subvierte los términos del amo para hacer lugar a lo que aplasta debajo de la barra con sus significantes.

¿Es suficiente eso? Claro que no. La coyuntura pide algo más. En tanto que analistas ciudadanos, resulta necesario también tomar la palabra y transmitir a los más jóvenes que este chamuyo ya la conocemos, que se trata de un discurso rancio pero aggiornado a los nuevos tiempos, y que lleva a lo peor. Develemos la opresión que se esconde detrás de este ideal de libertad que se rige por una ley desregulada de la oferta y la demanda. No existe tal cosa como un sistema de precios e incentivos capaz de regular el goce y normalizar el lazo social.

Parafraseando a Miller, que nos invita a ser dóciles a lo trans, seamos indóciles frente a esta versión recalcitrante de un discurso que segrega lo diverso, aplasta al sujeto y rechaza lo inconsciente. Ante este avasallamiento en nombre de una libertad salvaje, levantemos la voz y gritemos fuerte ¡Viva la subjetividad carajo!

Fotografía seleccionada por el editor del blog.

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