Silvina Rago
Zadig Buenos Aires
La destrucción del pensamiento crítico trae como contrapartida un hipnotismo colectivo que dista de ideales que posibiliten un lazo social donde están presentes esas dos operaciones subjetivas de las que Lacan dio cuenta: alienación y separación. Más bien la alienación es la que comanda actualmente.
Si ciertos personajes políticos cobran una acelerada aceptación esto no es discorde con los tiempos que corren. No por nada sus éxitos radican en ser estocásticos: dan en el blanco. Y no por nada también lo logran a través de redes sociales cuya habilidad es precisamente esto. Dar en el blanco en esta época es, entre otras cosas, impulsar el ser empresario de sí mismo.
Sin embargo, es un empoderamiento que lleva a que la masa no tenga reacción. Porque detrás de ese discurso se esconde su envés. En definitiva, deja al líder con todo el poder.
Como decía la tragedia de Goethe, el mito fáustico es la aventura de lo imposible, pero que rompe la falsa armonía del mundo para implantar un fragmento del caos. Pero es un imposible que detenta la ilusión de que todo se puede.
Puntualmente, para Argentina, el caso del candidato a Presidente Javier Milei en uno de sus slogans que circulan – y el cual es impulsado a viva voz en sus actos de campaña – dice: «Yo no soy su león. Si se acercan a mí (leamos: alienan) ustedes se convertirán en leones». Un empuje para que cada quien exacerbe y dé rienda suelta a su goce en pos de un derecho a la libertad y a la propiedad privada.
Si la casta política debe desaparecer – tal como lo anuncia este candidato – ¿cuál es el lugar que ocuparía él? ¿Un apolítico? ¿Un político con leyes propias? ¿O un cordero que se disfraza con piel de lobo y solo aúlla olvidándose de sus orígenes?
Votar en blanco nos deja fuera de juego. La libertad no implica la individualidad. Estamos frente a una elección forzada, que lleva a que cada quien se responsabilice. Pero ni alienado ni suelto.
Si el dicho popular se pregunta: «¿qué mundo dejamos para nuestros hijos?», más bien hagamos una torsión y preguntémonos: «¿qué hijos le dejamos al mundo?».
Fotografía seleccionada por el editor del blog.