Tiempo de comprender

Martín Cottone

Adherente al CIEC- Córdoba
Participante del Nudo La patria del sinthoma – Zadig Córdoba

Las elecciones del pasado 13 de agosto nos confrontan a un nuevo fenómeno que ha irrumpido en la escena política argentina. Entre ese instante de ver y el momento de concluir que serán las elecciones definitivas se abre un tiempo de comprender. Este último supone una escanción, una pausa, la duración de un tiempo de meditación. Un tiempo intersubjetivo que transcurre entre la espera y la anticipación, entre la vacilación y la urgencia. En una estructura dialéctica el tiempo de comprender incorpora al instante de ver y lo transforma, hasta reabsorberse en el momento de concluir. No todo está dicho.

El resultado de las PASO no expresa necesariamente una repentina adhesión ideológica a propuestas de extrema derecha por parte de una parte significativamente amplia de la población. Mientras que el voto a Patricia Bullrich sí podría considerarse como basado en un componente más ideológico, el voto a Milei parece movilizado en gran parte por una carga afectiva que éste ha sabido capitalizar muy bien y en la que se entremezclan la bronca con sus consecuentes ganas de castigar, la desesperación y el comprensible deseo de un cambio, junto con la emergencia de un “goce oscuro”. Todo esto en un clima de época caracterizado por el individualismo, la búsqueda de soluciones mágicas, el empuje al goce y la segregación.

Desde el punto de vista ideológico, la propuesta “libertaria” apunta a desconocer la relación dialéctica entre el individuo y el todo del que forma parte y que ha contribuido a constituir(lo), haciendo creer que éste se bastaría a sí mismo sin vínculo con los otros y guiado por su propio fin.

A nivel de los afectos este individualismo se vincula con lo que Hegel desarrolla como «la ley del corazón» y «el delirio de infatuación» como figuras de la locura. El loco es aquel que busca imponer la ley de su corazón (“mi ley”) en el desorden del mundo, entendido este desorden como la no coincidencia con la ley del propio corazón. Allí entra en juego el «delirio de infatuación», un delirio de presunción que surge como producto de expulsar fuera la contradicción.

Lacan presenta la locura como la inmediatez de la identificación del sujeto con el ideal sin la mediación dialéctica de la función del Otro. Y señala que en dicha identificación infatuada, “el ideal representa en él su libertad»: ser lo que es sin el Otro, libre de las ataduras que dialécticamente hacen de él un sujeto dividido. Pero esto para Lacan es un engaño pues no es un punto de libertad sino de esclavitud: hacerse títere del ideal.

Al momento de concluir se llega a partir de la anticipación de una certidumbre futura, no sin angustia.

Fotografía seleccionada por el editor del blog.

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