Sorpresa por la sorpresa

Luis Darío Salamone*

Me pregunto la razón por la cual la emergencia de Javier Milei ha sido una sorpresa. Sabemos que la misma es discontinua, irrumpe. El economista se encargó de presentarse de esa forma, recordándonos lo que Marx escribió: “La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados” (Groucho, por supuesto), la humorada parece haberse vuelto realidad.

Nos guste o no, el tipo supo llamar la atención y, como un exorcista, le encontró un nombre al demonio: “la casta política”. No es lo mismo decir “los políticos”, lo cual haría que él esté incluido en la serie. La casta es una clase especial de personas que tiende a permanecer separado de los demás, en este caso del pueblo (eso llevó a que mucha gente pobre lo elija). Denuncia que la casta política vive bien, mientras que los demás se sumergen en la pobreza.

Se erige como representante de aquellos que quieren putear a los políticos, que no logran resolver los problemas del país. Encima, los proyectos que transmite, lo hace con una certeza propia de su discurso.

Su éxito, a mi entender, no radica en que se trate de un líder mesiánico, sino de un líder carismático. No como otros, ligados a la figura paterna, cuestión que se encuentra en decadencia. Hace muchos años Eric Laurent me comentó que lo que se venía ante la caída del padre, eran líderes carismáticos de otro orden. Un joven me dijo: “Voté por mi personaje preferido de Tik Tok.” Antes de ganar en las urnas, Milei ganó en las pantallas y en la redes.

Podemos insistir en buscarle lo problemático a su discurso, (no hemos trabajado acaso como ha decaído lo simbólico). ¿Lo que plantea es utópico? Lo mismo ha sucedido siempre con los discursos de izquierda.

Recomiendo la lectura del libro de Pablo Stefanoni: “¿La rebeld se volvió de derecha?”, donde plantea que el antiprogresismo y la anticorrección política construyen un nuevo sentido común, y sería bueno para la izquierda que lo tomen en serio; señala que las derechas alternativas son las que juegan la carta radical y patean el tablero con discursos contra las élites, el establishment político y el sistema. Nos muestra cómo han sabido captar el enojo de muchas personas, cómo ejercen una seducción sobre las nuevas generaciones. Y cómo la pretendida superioridad moral del progresismo le juega en contra a la hora de discutir con las derechas emergentes. La izquierda progresista perdió su imagen de rebeldía, de desobediencia y transgresión que la caracterizaba. Su incapacidad para capitalizar la indignación social la fue ganando la derecha, que se presenta como eficaz cuestionando el sistema. Aclaro que se se trata de un estudioso de las izquierdas en Latinoamérica, no de alguien de derecha sino alguien que, en vez de insultar lo que se encuentra en la vereda de enfrente, se pregunta por qué están las cosas como están.

Sinceramente encuentro lógico lo sucedido. Me sorprende la sorpresa que ha despertado. Tal vez no se ha tomado demasiado en serio a un candidato que logró llamar la atención justamente por no presentarse de esa forma.

* Luis Darío Salamone es psicoanalista en Buenos Aires. Miembro de la Asociación mundial de Psicoanálisis. Miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana.

Fotografía seleccionada por el editor del blog.

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