La silla vacía

Fabián Naparstek*

Cuando la política no escucha el malestar propio de su momento se deja una silla vacía. A su vez, dejar dicha silla vacía en el ámbito de la política supone una crisis y puede convocar a los peores de los demonios. En efecto, el sistema no siempre está a la altura del malestar que predomina. Es allí que se puede reclamar -como ya ha sucedido en la Argentina- que se vayan todos o surgen propuestas mesiánicas que combaten al sistema mismo. La silla vacía y el mesías tienen un lazo estructural e inquebrantable. No hay mesías sin silla vacía. En efecto, el mesías se presenta por fuera del sistema, ya que no necesita asesoramiento alguno, puesto que tiene línea directa con un ser supremo y pretende responder todas las preguntas.

Sin embargo, vale la pena distinguir aquel que tiene esperanza en la solución -el que vota- de quien cree que es el enviado a dar dicha solución -el votado-. Quizá, el psicoanálisis –junto con otros- pueda hablarle a los que tienen esperanza y alzar la voz para hacer escuchar que el malestar nunca tuvo soluciones mágicas y que solo en una conversación permanente, donde conviven las diferencias y los derechos, podremos hacer frente al malestar de cada época y cada lugar y aún en las peores de las crisis.

*Fabián Naparstek es psicoanalista en Buenos Aires. Miembro de la Asociación mundial de Psicoanálisis. AME de la Escuela de la Orientación Lacaniana.

Fotografía seleccionada por el editor del blog. Fuente: https://culturainquieta.com/images/Anna_Ad%C3%A9n/d4ad853192ba71ded11d9a1d70f6a7cb.jpg

Scroll al inicio