EL SEÑOR ESTÁ CON NOSOTROS

Gustavo Dessal*

Entre los numerosos movimientos que apoyaron al presidente Donald Trump durante su campaña y contribuyeron a su llegada a la Casa Blanca, existe la New Apostolic Reformation (NAR), integrada por líderes que se autodenominan apóstoles y profetas que proclaman mantener un contacto directo con Dios. La señora Tami Barthen, una estadounidense que pertenece a esa Iglesia, escuchó un día que Dios le ordenaba comprar una montaña. En ese momento sintió que su vida daba un vuelco. Acababa de divorciarse y vuelto a casar, un proceso que le reportó un sustancioso arreglo económico. En junio de 2017 comenzó a comprender el significado de la orden divina. Decidió entonces emprender el mandato de Dios, y junto con su nuevo marido adquirió una inmensa finca que contenía una montaña, con el fin de acercar a la tierra el Reino de los Cielos.

En un país tan religioso como los Estados Unidos, es bastante frecuente que los psicóticos -y muchos otros fieles que no lo son en sentido estricto- expliquen y sometan su vida a la autoridad bíblica, con la contribución indispensable de las redes sociales. Estas juegan un papel decisivo en la difusión de toda clase de ideas delirantes que penetran en una parte muy extensa del tejido social.

Algunos de estos colectivos delirantes comienzan a exportar sus estrategias a otros lugares del mundo. La triangulación delirio-religión y política es muy convincente, puesto que permite dar sentido y prometer remedio a las grandes calamidades que nos azotan. Tiene a su favor el hecho de que la distinción entre lo verdadero y lo falso carece ya de toda importancia, al haber sido literalmente disuelta por el paradigma del tecnocapitalismo, convertido en el discurso normativo de gran parte del planeta.

No es de sorprender, por lo tanto, que el fenómeno haya alcanzado también a un país como Argentina, donde muchos sectores de la población viven en una extrema pobreza, mientras son testigos directos del enriquecimiento obsceno de una minoría que responde al menos a dos grandes modalidades. Por una parte, los canallas decididos, y por otra, los que sin serlo han elegido rodearse de un muro de ignorancia, a fin de que los pobres y carentes no les amarguen los fines de semana, ni las vacaciones, ni su acceso a los bienes de consumo.

El comunicado que ha hecho público “Llamamiento Argentino Judío”, que representa a una parte importante de la colectividad judía en la Argentina, dice literalmente: “El candidato Javier Milei, expresión de un ultraliberalismo limítrofe con el fascismo, se ha empecinado en utilizar de forma espuria la simbología del judaísmo, y apela en forma frecuente a justificar sus totalitarias propuestas políticas apelando a la Torá y al Talmud, dos de los textos centrales de la tradición espiritual judía […] Denunciamos y repudiamos su forma categórica de proceder”.

Se verifica que en una sociedad salvajemente diezmada (como ocurrió en Alemania) el recurso al mesianismo religioso de cualquier índole es una invocación al ascenso de un Amo absoluto (obviamente Milei es un iletrado que cuenta con un equipo de asesores, y que mañana cargará a los judíos con el peso de los males endémicos del país, o a los bolivianos, o a los paraguayos). Mientras tanto, el lazo delirio, religión y política sirve para que a él se aferren -como dirían Fanon- los condenados de la tierra.

* Gustavo Dessal es psicoanalista en España. Miembro de la Asociación mundial de Psicoanálisis. AME de la Escuela Lacaniana de Psicoanálsis.

Fotografía seleccionada por el editor del blog. Fuente: Pinterest

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