Esther Galina
Matemática, ex Decana de FAMAF, UNC-CONICET
¿Qué pasó? Pregunta que tiene muchas respuestas, muchos matices, muchas posiciones…
Pensemos algunas que pueden saltar a la vista, pensemos algo de lo que hay debajo de ese personaje con peluca y también de quien lo acompaña.
Las elecciones de precandidatos sirven para ensayar, para dirimir por dentro de cada partido, y para que la decisión final, la verdadera, la que realmente elige presidente, sea entre los que representan un porcentaje más significativo de votantes, es decir para que se elija entre los posibles.
El compromiso en el ensayo es distinto al compromiso en la decisión definitiva. Por ello vimos quienes votaron al que realmente quería, votaron al que especulativamente les convenía y votaron al que expresaba disrupción. Esta expresión disruptiva, rebelde rompió con todos los esquemas tradicionales, que otrora representaron algo nuevo o esperanzador, pero que actualmente ya cayeron de esa categoría. Me animo a decir que hoy en algún sector el voto ni siquiera ha sido con esperanza, sino con deseo que lo existente no continúe, que es mejor que explote todo antes que seguir igual. Esto tiene varias aristas. Por un lado, jóvenes que han vivido la soledad en la pandemia, que les costó la volver a la vida social y sentirse parte de una comunidad, que necesitan identificar su rebeldía con algo, con alguien, fueron atrapados por el carisma de «me planto ante todos y no me importa nada lo que digan», «todo está mal y vengo a decir basta». ¿No es ese el deseo de muchos aunque no se comprenda que viene después de ese «basta»?
También están los que consideran que nadie pone la mirada en ellos y que los cautiva el «basta» sin percibir que hay más posibilidades que les vaya mejor cuando al país le va mejor en un sentido de desarrollo soberano siempre que contemple al que sólo recibió promesas.
Por otro lado están los que decidieron no emitir su voto porque ninguna opción los atraía. ¿No es esa otra forma de eludir el compromiso ciudadano de asumir la responsabilidad de votar? Más aún, dejar que los otros decidan por uno te quita responsabilidad pero también el derecho a quejarte después.
Por eso hay que ver un poco más allá… El personaje con peluca tiene por asesores económicos a quien creó el Bonex, a quien privatizó todas las empresas del estado en los ’90 y el que llevó adelante la convertibilidad y hoy propone la dolarización.
Quién es la candidata a Vicepresidenta que acompaña al personaje de ojos penetrantes de hielo salido de una historieta o de un dibujo animado que fuera asesor de Bussi? Ni más ni menos que una negacionista, fundadora y presidenta del Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas. Su padre militar participó en el Operativo Independencia en Tucumán y su tío, también militar, fue condenado en la causa «Vesubio» por su rol en la masacre de Monte Grande donde 16 personas fueron brutalmente torturadas y fusiladas.
La defensa de la democracia no se va a lograr con más odio… Es necesario saber que motivó a estos votantes y dar a conocer que hay después del «basta». Tenemos que poder escuchar, entablar diálogos sin discursos automáticos, en los que se pueda intercambiar ideas, razones y perspectivas, atender el enojo del interlocutor, profundizar sobre las consecuencias de los actos y actuar en función de ello. Tenemos la responsabilidad de votar siendo conscientes de lo que significarán para el futuro la materialización de las propuestas del candidato elegido.
No alcanza decir basta, importa lo que se pueda hacer después… ¿Destrucción total de lo existente o construcción desde lo que hay? ¿Con la voz de cada uno o acallando con violencia al que defiende su condición con dignidad?
Fotografía seleccionada por el editor del blog.