Es un placer escuchar la entrevista que Hilda Vittar le hace a Francesco Tonucci[1]. Diría que hay un clima de satisfacción allí. Si bien el psicoanálisis y la educación son discursos diferentes, convergen en esta entrevista en un punto y es que ponen en valor el uno por uno, lo más único de cada quien. Francesco comenta que el ministro de educación de nuestro país lo ha llamado, y también otros países latinoamericanos y España. Esto es auspicioso para nuestro país dado que propone una escuela del encuentro con otros y con el saber, desde lo más propio y único de cada uno: nos habla de su idea acerca de laboratorios- no aulas estancas- donde los sujetos se desplazan y de un modo revolucionario para agruparlos desestimando la edad como criterio. Pienso que esta propuesta favorecería lo que entendemos con Freud las identificaciones horizontales[2], a diferencia del docente al frente y el alumno en el banco, fijo. Esto sucede al mismo tiempo en que algunos países, que no son latinoamericanos, propician el “tú y tu pantalla” en una suerte de empuje a una teleducación.
El psicoanálisis no está en contra de la tecnología. Nos interesa fundamentalmente el “uso” que se hace de ésta, un uso que favorezca el lazo social y no que lo reemplace. Leí hace tiempo atrás un libro que proponía algo para mí en aquel entonces inimaginable: reemplazar la escuela como lugar para el aprendizaje, por la teleducación en casa.
Por otra parte la ciencia ha impregnado el campo de la educación con un cognitivismo comportamental bajo el semblante de las neurociencias, por lo cual frente a un síntoma es frecuente la derivación al neurólogo, a medicar, a buscar el certificado de discapacidad para tener acceso a una batería de tratamientos, acompañamientos terapéuticos y adaptaciones curriculares. No hay aulas sin niños y jóvenes con estas cuestiones. Mientras tanto, constato que docentes y alumnos desean volver a reencontrarse en la escuela. Tal vez porque constatan que no basta con instruir, es necesario humanizar: pasar por el otro para sonreír, aprender, hablar, disentir, interpelar, pensar…
Creo que en este momento y a partir de esta situación excepcional de aislamiento, hay el riesgo de un deslizamiento hacia la teleducación entre comillas “democrática”, que por otro lado incidiría en los costos que de hecho son elevados dado el malestar que hay en la escuela, por lo cual en nuestro país la cantidad de docentes es de tres por cada puesto de trabajo.
Escuchamos en la entrevista que el lazo social que se establece en la escuela está formulado, no en términos del uno por uno, sino del “todos” y esto mismo corroe el lazo. Hay ruptura y rechazo a consentir con el otro, rechazo a la diferencia. Con este panorama, es posible y poco feliz ir hacia una educación donde cada uno estaría confrontado a su internet para “hacerse a sí mismo”, pasando cada vez menos por el otro. Lo que podría ser un instrumento para el intercambio de saberes, puede convertirse en un instrumento de estandarización que atente contra toda singularidad. Yo pienso que el contacto docente-alumno en la escuela aporta un elemento esencial a la constitución subjetiva. En la escuela la subjetividad puede ser alojada, respetada y reconocida.
Se modifican planes y nada cambia, porque se pretende dominar lo real con el semblante. ¿Qué podemos aportar desde el discurso analítico? Tengo la idea que en principio, se trataría de ubicar lo real en juego, que implica reformular la formación docente para ir a contrapelo de los efectos de la segregación; y en un nivel más profundo remite a lo que J.A.Miller denominó el Estándar pos humano[3], donde cada uno estaría solo con su plus de gozar, efecto de la segregación. Les he preguntado a mis alumnos de quinto año de secundaria, ¿de qué sufren? Y dicen temer ser discriminados y apartados del grupo. Prefieren alienarse al grupo para no naufragar en soledad. El consumo es masivo, y el abuso y los ataques sexuales se hacen cada vez más frecuentes. Ya no encuentran lugares donde juntarse entre ellos. Entonces, la escuela puede ser el lugar, en algunos casos, el único lugar donde aprender a vivir con otros. La función educativa es fundamental en este sentido.
¿Cómo incidir?
El término incidir viene del latín incidere. Por un lado es influir, repercutir y por otro es cortar, incisión que hace el cirujano. Se trata de encontrar las condiciones de posibilidad de incidir y eso es contingente, cuando es inevitable el cambio, tal como lo escuchamos en la entrevista. Se trata de conmover algo y el modo de hacerlo se inventa cada vez. Un modo es éste mismo que nos reúne hoy en esta conversación, donde cada uno puede aportar algo, su interpretación. De hecho hay una implicación cuando se toma la palabra. Por ejemplo interpreto que los foros van a favor de esto.
Otro nivel de incidencia lo ubico a nivel del acto, del que solo se puede saber que lo hubo por sus efectos. J.A.Miller, efecto de interpretar lo que implicaba que ganase Marine Lepen las elecciones, decidió ir en contra de Marine Le Pen. Hizo el corte del cirujano y hubo efectos.
En 2007, el Inserm en Francia propuso diagnosticar a los niños para detectar futuros criminales. Educadores y psicoanalistas se opusieron y eso no ocurrió. También oponernos a una ley que quería impedir el tratamiento psicoanalítico a los sujetos autistas, lo frenó.
Interpreto que nuestra política de incidencia Zadig se orienta por el acto del analista.
Estela Carrera
Psicoanalista en Córdoba. Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP) y la Escuela de Orientación Lacaniana (EOL). Participante del Nudo La Patria del Sinthoma
La imagen es una viñeta de Francesco Tonucci, Frato
[1] Entrevista de Hilda Vittar a Francesco Tonucci, en Youtube. El enlace está en el blog del Nudo La Patria del Sinthoma
[2] Freud. Psicologia de las masas y análisis del yo
[3] Miller, J.A; Una fantasía, en Revista Lacaniana Nº 3