Frente a la veloz experiencia universal que nos toma, pandémica, con lo real que se ha escapado de la naturaleza -un virus algo inasible, de difícil localización, de una condición parasitante, con una irradiación que acompaña a esta época de una movilidad casi maníaca-, emerge un fuerte sentimiento de insuficiencia, ante la detención el vernos confrontados con la misma muerte, con el sufrimiento de no entender. El real desbocado toma la delantera al orden global y a la ciencia misma.
Mientras nos encomendamos, no sin paradoja, a la ciencia para que optimice el resguardo y al orden social para que satisfaga preocupaciones, penas e inquietudes, es decir, mientras buscamos validar esta emergencia en la cultura, para estar un poco menos perdidos, sobre llovido mojado, diría mi abuela, nos encontramos con un par sin par, el mercado y lo religioso -dicho como lo banalizado de una fe-, ambos mesiánicos brindándonos la propuesta de un salto apocalíptico en pos de sostener el incremento de su producto sin discontinuidad y un adormecimiento sin expiación. Un utilitarismo religioso, sin tregua y sin piedad hasta la concreción de un estado de desesperación. Materialismo y misticismo, sin resguardo y sin pausa.
Partía de la subjetividad suspendida, el cuerpo amordazado y arribó al privilegio de contar con el psicoanálisis con el que contamos para no privarnos de desplegar una palabra, un hacer con una palabra que permite desmentir este real. Para cada uno que llegue, airear este aplanamiento para alivianar lo mortífero, pero sobre todo en nuestra acción en la ciudad propiciar el hacer lugar al inconsciente de quienes lleguen al sitio de un buen encuentro con un posible efecto de poesía.
Álvaro Stella
Psicoanalista en Córdoba. Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP) y la Escuela de Orientación Lacaniana (EOL). Participante del Nudo La Patria del Sinthoma